Mientras Bogotá avanza hacia una regulación del uso de celulares en los colegios oficiales, en Valledupar también debería contemplarse esa posibilidad.
Lo bueno se puede copiar y, en ese sentido, lo primero que se debe hacer en Valledupar es revisar si los estudiantes de las instituciones educativas de este municipio están enfrentando los mismos problemas que los menores en Bogotá y, con base en ello, definir medidas.
Estamos ante una realidad que no se puede negar y es que los teléfonos celulares hacen parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Lo positivo de esa dinámica es que esos equipos facilitan el acceso a la información, la comunicación y, cuando son bien utilizados, fortalecen los procesos de aprendizaje, ese es el lado bueno; pero la parte que preocupa es el mal uso de la tecnología cuando esta no se hace de manera controlada y orientada por padres de familia y docentes, lo cual permite que se convierta en una fuente permanente de distracción dentro de las aulas, afectando la concentración, el rendimiento académico y, en muchos casos, incidiendo en la convivencia escolar, lo mismo que en el comportamiento general de los jóvenes.





