El anuncio de que Buenaventura será reconstruida parcialmente mediante un modelo de autoconstrucción nos hace evocar aquel exitoso programa que hace unos 35 años se desarrolló en Valledupar. Esa experiencia de participación fue exaltada por el Banco Mundial (Estudio sobre la capacidad de los gobiernos locales, pág. 15; 19 de julio de 1995).
Fue en aquellas épocas cuando comenzaban a estrenarse en Colombia los alcaldes elegidos popularmente. En ese entonces, el primero elegido en 1988, Rodolfo Campo Soto, puso en práctica una fórmula que siguieron los tres periodos siguientes, que eran de dos años, que hoy recobra vigencia, pero con otros protagonistas y bajo unas circunstancias muy diferentes.
Hablamos del programa de autogestión comunitaria en los barrios, mediante el cual se pavimentaron calles con mano de obra y algunos materiales de la misma comunidad. Esa era una buena alternativa para que la gente trabajara en lo suyo, en donde la administración pública construía previamente las redes de acueducto y alcantarillado, daba recursos para los árboles, la iluminación y asistencia técnica; las comunidades aportaban su trabajo, su tiempo, su conocimiento del territorio y su voluntad de cambiarle la cara a su barrio o sector. Las casas, ahora valorizadas con el trabajo de la gente, obtenían descuento del impuesto predial.





