Valledupar no escapa a esa dinámica, justo ahora que recibe a un nuevo comandante de su Policía Metropolitana.
Llega el coronel Germán Gómez, quien asume el mando en un escenario atravesado por dos discursos que conviven, se enfrentan y, en ocasiones, parecen no tocarse. Uno es el de los balances oficiales que habla de resultados, capturas y estructuras desmanteladas, y el otro es el de la ciudadanía que sigue sintiendo miedo al cruzar una calle, sentarse en un parque o abrir la puerta de su casa bajo cierta incertidumbre.
Durante el acto de cambio de mando, las cifras presentadas por la Policía Metropolitana, la Gobernación y la Alcaldía, y recogidas por EL PILÓN, son significativas. En menos de dos años de funcionamiento, la institución reporta miles de capturas, cientos de allanamientos, millonarias incautaciones, desarticulación de bandas criminales y un robusto trabajo preventivo y comunitario. En teoría, Valledupar aparece como una ciudad donde el delito ha sido contenido mediante estrategia, operatividad y control territorial. Ese es el Valledupar de los informes, de las ruedas de prensa y de los actos protocolarios, donde precisamente los contenidos se reciben con mucha suspicacia.
En medio de todo ello existe otra ciudad. Esa que describe el periodista Aquilino Cotes en su columna, esa que se vive sin estadísticas, a pulso, en los barrios, en las terrazas enrejadas, en los parques vacíos y en la desconfianza cotidiana. Una ciudad donde muchos ciudadanos sienten que la Policía no se ve, no camina, no patrulla, no disuade; donde el temor ha modificado rutinas y ha convertido la prevención privada en algo caracterizado y generalizado por el uso de rejas, candados y encierros como primera línea de defensa de los hogares. Esa percepción, justa o no, también es una realidad y no puede ser considerada como exageración o desconocimiento técnico, eso amerita un análisis riguroso.
Ese es el ambiente con el que se recibe en Valledupar al coronel Germán Gómez. Su mayor tarea será mantener o mejorar los indicadores operativos y lograr que esos resultados se traduzcan en tranquilidad palpable, en confianza recuperada, en presencia policial visible y cercana. Porque la seguridad se mide en capturas, pero también en la sensación de libertad con la que un ciudadano puede vivir y lo que siente al momento de transitar por las calles.
Compartimos la opinión de nuestro columnista al hacer un llamado para que el nuevo comandante mande, verifique, camine la calle y no se deje deslumbrar ni presionar por discursos políticos complacientes. Consideramos que esa es una advertencia oportuna.
Siempre se ha dicho que el mejor mecanismo para lograr buenos niveles de seguridad es escuchando tanto al despacho como al barrio, tanto al informe como al testimonio del ciudadano común, solo así se tiene una aproximación a la realidad.
EL PILÓN le da la bienvenida al coronel Germán Gómez con la esperanza de que logre cerrar esa brecha entre la estadística y la experiencia, entre lo que dicen los números y lo que siente la gente. Valledupar no necesita escoger entre una u otra realidad, necesita que ambas se encuentren. Que los buenos resultados sean visibles y creíbles para todos.
Esperamos entonces que este nuevo mando sea el punto de partida para reconciliar a la Policía con la comunidad, para devolverle a la ciudad sus espacios y para que, algún día, las rejas vuelvan a ser innecesarias. Bienvenido a Valledupar, coronel. Aquí lo esperan las cifras… y la calle también.





