EDITORIAL

Enésimo intento de reconversión laboral con carromuleros

A las administraciones se les suele criticar cuando culpan a sus antecesores de los males que encuentran y que son difíciles de resolver. No obstante, para el tema de la famosa reconversión laboral de personas que trabajan con transporte de tracción animal, los carromuleros, sí sería válida una mirada al espejo retrovisor para no caer en los mismos errores de siempre.

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A las administraciones se les suele criticar cuando culpan a sus antecesores de los males que encuentran y que son difíciles de resolver. No obstante, para el tema de la famosa reconversión laboral de personas que trabajan con transporte de tracción animal, los carromuleros, sí sería válida una mirada al espejo retrovisor para no caer en los mismos errores de siempre.

Ya son muchos los intentos de acabar con los ‘carro’e mulas’ y hasta la fecha todos han fracasado. En 2017, el entonces alcalde Augusto Daniel Ramírez Uhía entregó 27 motocarros a igual número de beneficiarios, entre lágrimas, discursos y promesas de transformación. Fue presentada como la primera fase del cumplimiento del Decreto 1666 de 2012 y como el inicio de una dignificación laboral largamente esperada en Valledupar.

Sin embargo, esa historia quedó inconclusa. Nunca se vieron los motocarros circulando en las calles y hasta la fecha siguen abiertas varias preguntas que impiden creer nuevamente en ese tipo de procesos, entre ellas: ¿qué pasó con esos 27 motocarros? ¿Por qué no se continuó con un proyecto que debía beneficiar al 100% de los carromuleros? ¿Quién asumió responsabilidades por el abandono de ese proceso?

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