Lo que dijimos hace apenas un tiempo por estas líneas sobre el desperdicio del mango en las calles de Valledupar, una voz experta lo acaba de ratificar, pero con una visión más amplia y amparada en la experiencia en el terreno y con los mercados tanto nacional como internacional.
Desde estas páginas habíamos advertido que en Valledupar el mango se estaba perdiendo en las calles, en las avenidas, en los patios y en las fincas, mientras desaprovechábamos una oportunidad económica y productiva que pocas regiones del país pueden exhibir con tanto orgullo. Ahora, a la luz de la entrevista concedida a EL PILÓN por el empresario Sergio Karagumechian, gerente de CEA, esa alerta se ratifica y obliga a pensar de manera estratégica.
Entrevistamos a Karagumechian debido a que él lidera una compañía agroindustrial del Atlántico que trabaja con más de 2.500 familias productoras y que comercializa el llamado “Magdalena River Mango®” en más de 50 países. Es la voz de quien compite en los grandes mercados y conoce de primera mano las exigencias del comercio internacional, y eso nos puede ayudar a entender mejor el proceso.
Nos alienta saber que, según Karagumechian, el mercado del mango sí tiene un enorme potencial, pero no en el reducido marco local. Mientras el consumo nacional puede absorber entre 25.000 y 30.000 toneladas anuales, el mercado internacional supera los 50 millones de toneladas. Colombia produce alrededor de 380.000 toneladas al año. Sin la agroindustria exportadora, como advierte el empresario, literalmente “nadaríamos” en mango, tal como se pudo observar en la reciente cosecha en Valledupar.
La entrevista sirvió para desengañarnos en el sentido de creer que la solución era montar despulpadoras. Con base en su experiencia, Karagumechian advierte que la infraestructura por sí sola no resuelve el problema, lo cual lo ratificó con cifras al afirmar que la mayoría de estas plantas terminan cerradas en pocos años, y no por falta de capacidad instalada, sino por la ausencia de economías de escala, articulación y trabajo en equipo en cada región donde han intentado hacerlo.
En el caso de Valledupar, el mango que se pierde en las calles no se pierde por falta de compradores; se pierde por falta de organización y de buenas prácticas agrícolas, según explica Karagumechian, quien asegura que en nuestra región se hace uso inadecuado de madurantes. “Un solo fruto tratado de manera irregular puede bloquear un contenedor entero y poner en riesgo mercados construidos durante años”, afirma. A esto se suman problemas fitosanitarios, como la proliferación de la mosca de la fruta en corregimientos como Atánquez y La Mina, que podrían mitigarse con medidas sencillas y de bajo costo, incluso con herramientas suministradas gratuitamente por el ICA.
Así las cosas, lo que se requiere, en palabras del entrevistado, es construir un verdadero clúster exportador, un “Equipo Colombia” en el que productores, recolectores, cooperativas, autoridades locales y entidades nacionales actúen coordinadamente.
Hay que seguir insistiendo en que Valledupar debe aprovechar esa ventaja natural de tener cantidades de mangos cargados de frutas y sin dueños que podrían ser censados, organizados y certificados bajo esquemas de cooperativismo que garanticen su origen y la no aplicación de químicos prohibidos.
El seguimiento a nuestro editorial anterior nos lleva a concluir que es necesario comenzar a pensar en una cultura productiva que incluya disciplina sanitaria y visión de mercado desde todas las fases. El ofrecimiento de Sergio Karagumechian de venir a Valledupar para sentarse con todos los actores es una oportunidad que no debería desaprovecharse.
