Era común ver y escuchar en plataformas digitales la palabra Therian, pero en los últimos días esta irrumpió en la conversación pública presencial de Colombia y que ahora también ha llegado a Valledupar.
Lo que comenzó con videos virales en Tik Tok, memes en Instagram, debates en WhatsApp, ahora ha terminado en convocatorias a concentraciones de therians en distintas ciudades del país. En Valledupar circula una invitación para reunirse este sábado 21 de febrero en el Parque de la Vida y “crear comunidad” alrededor de esta tendencia.
Esa convocatoria ha desencadenado un mundo de preguntas: ¿qué estamos viendo realmente? ¿Una moda pasajera? ¿Una subcultura juvenil? ¿Un síntoma de algo más complejo? ¿Qué significa ser therian?
Al consultar encontramos que el término proviene de therianthropy y alude a personas que afirman identificarse, en un plano psicológico o espiritual, con un animal no humano. No se trata, según quienes lo explican, de creer que su cuerpo es físicamente animal, sino de experimentar una afinidad con un lobo, gato, ave, entre otros.
Se dice que históricamente, las representaciones híbridas humano-animal han estado presentes en mitologías antiguas. Sin embargo, como comunidad contemporánea, el fenómeno tomó forma en foros de internet en los años 90 y hoy encuentra en las redes sociales su principal canal de difusión masiva.
Esa cobertura ilimitada de las redes sociales hizo que tal fenómeno aterrizara en Valledupar, pese a ser una ciudad intermedia y en la que todavía se conservan algunas tradiciones, lo cual hace que, a diferencia de las grandes capitales, los cambios culturales se procesen con mayor lentitud.
El tema ha dado para burlas y muchos memes, pero también han surgido preocupaciones desde sectores de la salud mental y del gremio veterinario. La psicóloga clínica Claudia María Valdez Romero ha advertido que no existe, hasta el momento, una categoría diagnóstica específica en manuales como el DSM o la CIE que respalde hablar de “identidad therian” como si fuera una identidad estructurada. Prefiere describirlo como un fenómeno colectivo que podría estar expresando otro tipo de malestares.
Entre tanto, el médico veterinario zootecnista Edinson Ortegón Santana, por su parte, recordó que la Ley 576 de 2000 delimita claramente el campo de acción profesional de la medicina veterinaria, lo que implica que un veterinario no está obligado a atender a un ser humano como si fuera un animal.
Nos preguntamos también si el tema genera ¿riesgo de confusión en niños?, ¿podría un niño llegar a creer que puede ser un animal o convertirse en uno? Se requiere acompañamiento pedagógico, debido a que cuando los menores navegan solos en redes sociales, sin orientación, cualquier tendencia puede confundirlos.
Otro dilema, ¿cómo nombrar sin herir ni validar sin límites?, para ello se necesita la pedagogía del lenguaje. Por ejemplo: ¿habrá que incluir en un saludo protocolario “todas, todos, todes y therians”? Pareciera una pregunta irónica, pero esta deja planteada la inquietud relacionada con los límites que han de establecerse al momento de reconocer socialmente a una población.
Desde luego que nadie merece burla, humillación ni agresión por cómo se percibe. Pero el respeto no implica que todas las autodefiniciones deban convertirse automáticamente en categorías sociales oficiales o en obligaciones lingüísticas colectivas como ha venido sucediendo con muchos casos ya conocidos. No se debe permitir confusiones sobre identidad humana.
¿Qué hacer como ciudad? Se debe escuchar sin ridiculizar, fortalecer la salud mental escolar, acompañar a las familias, definir límites profesionales claros y promover debates para no reducir el fenómeno a un simple chiste.
