Otro tipo de turismo se viene abriendo paso a nivel global, el del matrimonio de turismo deportivo y turismo cultural. Debido a la coyuntura previa a los Juegos Parasuramericanos y ahora que se harán mejoras al estadio de Valledupar, -y se ha recordado, en nuestras páginas, su proyecto original , imaginando al futuro con la tribuna sur- debería aprovecharse el momento para definir el uso que ha de dárseles a algunos espacios propios y a los contiguos.
Ya está demostrado que tanto el deporte como el turismo pueden ir de la mano, un fenómeno que ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente en ciudades con una infraestructura deportiva de talla mundial como Madrid, España, donde el estadio Santiago Bernabéu, además de ser sede de uno de los mejores clubes de fútbol, opera como sitio comercial y de encuentro para cientos de miles de turistas anualmente. Ya sabemos, un esperado clásico entre el Real Madrid vs. Barcelona ofrece alrededor de un millón de personas a la ciudad.
Está demostrado que esa fusión de deporte, entretenimiento, comercio y calle ha marcado una tendencia global. El visitante quiere aprovechar su visita haciéndola diversa y complementaria.
Muy guardadas las proporciones, en Valledupar se podría intentar algo parecido, ya no son solo las grandes metrópolis las que aprovechan el fenómeno. Son las ciudades medianas y pequeñas las que ahora están dando pasos importantes para integrar el turismo deportivo con otros atractivos, como el turismo cultural, histórico, gastronómico y ambiental. Un ejemplo claro de esto es Bilbao, donde el estadio de fútbol, el equipo local, el Museo Guggenheim, los restaurantes, el casco antiguo y la ría (el río que desemboca en el mar) se combinan para ofrecer una experiencia integral que atrae a turistas. Bilbao aprovechar sus recursos para ofrecer mucho más que fútbol; ha creado una infraestructura turística donde el deporte se integra perfectamente con la cultura y el entorno natural de esa ciudad. Igual en ciudades pequeñas como Oviedo o Santander.
Por eso pensamos que Valledupar debería echar mano a esas experiencias y aprovechar los planes de mejora para el estadio con miras a los próximos Juegos, apostándole a la fusión del deporte con otros elementos de su identidad. También la zona alrededor del estadio, con grandes espacios disponibles para desarrollos comerciales, todavía está esperando ser explotada comercialmente.
¿Por qué no hacer del estadio de Valledupar no solo un lugar para los deportes, sino también un punto de atracción que conecte a la cultura, la historia, la gastronomía y el entorno natural de la región? Un desarrollo que incluya espacios comerciales, restaurantes, actividades culturales y educativas y ecológicas, podría transformar la zona en un destino turístico de primer orden. Al integrar estos elementos, Valledupar podría atraer tanto a los amantes del fútbol como a quienes buscan explorar su rica cultura y paisaje.
De hecho, en el estadio se dejaron amplios locales comerciales en su interior y no se han aprovechado. Tampoco se montó el Citylab, buena idea que ofreció el exgobernador Monsalvo Gnecco y que publicó este medio el 12 de abril de 2021, así, “el laboratorio de Ciencia, Tecnología Innovación y Creatividad, City Lab, es una apuesta para el desarrollo e innovación tecnológica del que podrán ser parte niños, jóvenes y adultos de Valledupar para incursionar en la transformación digital mediante las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC. Este escenario funcionará en el Estadio Armando Maestre Pavajeu”. En Brasil los estadios de la Copa Mundial se propusieron como espacios educativos en días de cese de partidos. Las infraestructuras vacías y frías dan tristeza.
Hay que desarrollar ese sector de Valledupar, en todo sentido; atreverse y apuntarle a este nuevo escenario: aquel donde el turismo deportivo, cultural, histórico y ambiental se unan para ofrecer una experiencia única que beneficie a la economía regional y haga crecer la ciudad.





