EDITORIAL

De acuerdo, hay que romper el silencio frente al acoso sexual

En Valledupar y demás municipios del Cesar y La Guajira, hablar de acoso sexual también es necesario para ayudar a contrarrestar ese fenómeno que, durante años, al igual que en Bogotá y en otras grandes ciudades, ha permanecido oculto bajo una especie de pacto de silencio que protege a los agresores y deja a las víctimas en la soledad con su tragedia personal.

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Debido a los casos de supuesto acoso sexual registrados en medios nacionales como Noticias Caracol y RTVC, el tema ha suscitado un debate en todo el país y que también ha trascendido en regiones como la nuestra, pero que además ha servido para desempolvar hechos del pasado que se quedaron en la impunidad.

Es un tema que no conoce fronteras. En Valledupar y demás municipios del Cesar y La Guajira, hablar de acoso sexual también es necesario para ayudar a contrarrestar ese fenómeno que, durante años, al igual que en Bogotá y en otras grandes ciudades, ha permanecido oculto bajo una especie de pacto de silencio que protege a los agresores y deja a las víctimas en la soledad con su tragedia personal. Eso jamás se puede tolerar.

Compartimos el editorial que al respecto publicó el periódico El Heraldo. Sin embargo, en medio de este necesario proceso de denuncia y protesta, también hay que evitar que la legítima lucha contra el acoso termine distorsionando las relaciones humanas básicas en los entornos laborales, donde además inciden aspectos culturales propios de la idiosincrasia de cada ciudad o región.

No se puede negar que muchas conductas han sido normalizadas bajo el disfraz de la “confianza” o la “costumbre”, cuando en realidad son abusos de poder. Pero también lo es que no todo gesto amable, saludo cordial o elogio respetuoso puede ni debe ser interpretado como acoso.

Debe diferenciarse bien lo que es el irrespeto y lo que es la cortesía. Una cosa es la insinuación indebida y otra muy distinta es un gesto de elogio y reconocimiento de las cualidades de una mujer, ya sean físicas o de cualquier otra naturaleza.

En el caso de la región Caribe, a la que pertenecemos, la calidez humana ha sido parte de la identidad cultural. Pero, ahora con todo lo que ha sucedido, preocupa un tanto que el temor a ser malinterpretado lleve a relaciones laborales frías, distantes y deshumanizadas. Evitar cualquier tipo de interacción por miedo no construye entornos más seguros, por el contrario, podría dificultar el trabajo en equipo y complicar la convivencia en una empresa u organización.

Lo saludable frente a todo eso es encontrar el equilibrio. Un entorno laboral sano no es aquel donde se eliminan las interacciones, sino donde existen límites claros y respeto mutuo. Un elogio respetuoso no debe satanizarse.

Repudiamos y rechazamos de manera categórica toda manifestación de acoso sexual, pero al mismo tiempo somos partidarios de que en lugar de promover el distanciamiento entre hombres y mujeres, lo que se requiere es fortalecer una cultura de respeto, en la que se debe entender que cada persona tiene límites distintos y que estos deben ser reconocidos sin cuestionamiento alguno.

En Valledupar, a lo largo del territorio del Cesar y de La Guajira, al igual que en toda la región Caribe, la línea entre lo personal y lo profesional suele ser más delgada, lo que hace indispensable construir espacios donde la confianza no sea excusa para el abuso, pero tampoco donde el miedo impida la buena convivencia.

Hay que romper el silencio frente a cualquier tipo de acoso, eso es urgente. Pero hacerlo bien implica también evitar caer en extremos que dificulten las relaciones humanas. No se trata de caminar con miedo, sino con respeto. La idea no es dejar de relacionarnos, solo que debemos aprender a hacerlo mejor.

Esa sería una buena manera de construir entornos laborales seguros, pero también dignos, humanos y equilibrados, donde la cortesía no sea sospechosa.

Nos unimos al llamado nacional para que en nuestra región también se escuche con fuerza ese mensaje de que el acoso no es normal, no es aceptable y no debe permanecer oculto.

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