EDITORIAL

Cuando bajan los homicidios, ¿también disminuye el poder del crimen?

Una cifra aislada no explica el fenómeno en toda su complejidad.

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La entrevista que el analista Mauricio Reina le hizo el pasado 8 de octubre al investigador y director del Centro de Valor Público, Santiago Tobón, para el periódico El Tiempo, sobre «el costo oculto de la histórica caída de los homicidios en Medellín», deja claro que la seguridad urbana no puede medirse únicamente por el número de muertos.

Tales circunstancias bien podrían aplicar para ciudades como Bogotá, Cali, Cartagena y Barranquilla, entre otras, análisis que también debe hacerse con ciudades intermedias como Valledupar que, pese a no tener la misma complejidad ciudadana, son de igual manera mercados atractivos para los intereses de las grandes bandas criminales y de grupos armados ilegales.

Las aseveraciones de Tobón dejan muchas inquietudes acerca de si en realidad se está acabando con la criminalidad o simplemente estamos aprendiendo a convivir con otras formas de violencia y control ilegal y por ello se recomienda que las cifras oficiales de seguridad se analicen sin triunfalismos, sin alarmismos y sin perder de vista lo que ocurre en los barrios, las comunas y los territorios donde la presencia del Estado todavía es insuficiente.

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