EDITORIAL

¿Cuáles fueron las lecciones y modelos de ejecución que dejó Pepe Castro?

Vale la pena destacar el legado de José Guillermo ‘Pepe’ Castro para las nuevas generaciones del mundo político y social, que no tienen referencias ni faros del pasado, por el transcurso del tiempo.

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A propósito del natalicio de José Guillermo ‘Pepe’ Castro Castro, importante líder político y mandatario de la región, que tuvo su esplendor a partir del año 1966 —cuando fue designado alcalde de Valledupar por el gobernador del Magdalena—, durante más de 30 años (en reemplazo político de Pedro Castro Monsalvo), bien vale la pena destacar su legado para las nuevas generaciones del mundo político y social, que no tienen referencias ni faros del pasado, por el transcurso del tiempo.

Hablar de ‘Pepe’ Castro es evocar esos tiempos en los que la política era servicio y no negocio. Precisamente, un contertulio de EL PILÓN, al abordar el tema de este natalicio, pregunta: ¿cuáles crees tú que sean las lecciones y modelos en la ejecución que dejó Pepe Castro? y luego afirma “por cierto, en esa época los políticos ponían de su bolsillo para gestionar y hacer obras y servicios; hoy la nueva generación les quita a las obras y servicios para engordar sus bolsillos”.

Al responder a ese interrogante, necesariamente tenemos que resaltar que la vida de “Pepe” Castro fue la de un hombre que demostró que la política, bien ejercida, puede ser una de las formas más nobles del servicio público.
Bueno sería que surgieran nuevas figuras políticas con esa misma estirpe a la que perteneció Castro y que, lastimosamente, hoy está casi extinta, ya que los mueve más el afán de poder , de exhibición del ego personal, de aprovechamiento particular de todo tipo, y cuando sirven a los demás lo hacen por cálculo político y escaso altruismo. Triste práctica que ejerce la presente generación de dirigentes políticos —que incluye a los apellidos más tradicionales de la ciudad— y que hacen remover en sus tumbas a sus ascendientes más notables.

La fecha de este 3 de febrero nos recordó que en los tiempos de ‘Pepe’ Castro gobernar era asumir sacrificios personales, recorrer caminos polvorientos y destinar recursos propios por una causa colectiva. Podríamos decir que la primera gran lección de Pepe Castro es que la política se aprende haciendo, no simulando. Sin títulos universitarios formales, pero con buena intuición, se formó en la que él mismo llamaba la “Universidad de Camperucho”. Desde allí entendió que gobernar no es improvisar, sino conocer el territorio, escuchar a la gente y ejecutar con sentido común. Las vías y puentes que impulsó son prueba de ello. “Los buldóceres adelante y los abogados atrás”, fue su consigna para cumplir con obras a su gente. Fue criticado, es cierto; en ocasiones ocasiones con sobradas razones. Pero nadie dudaba de que era un ejecutor sin pausa con el propósito de servir.

Y tal vez esa es la segunda lección que nos deja ‘Pepe’ Castro, la obsesión por la ejecución, debido a que no fue un político de discursos incumplibles, fue un ejecutor como alcalde y gobernador, con obras concretas y carácter: avenidas que ordenaron la ciudad, municipios que nacieron para administrar su propio destino, y una hazaña que hoy parece imposible: 24 colegios construidos en 24 meses, con laboratorios y bibliotecas.

Otra lección valiosa es su coherencia ideológica y personal. Durante décadas en el Congreso fue un parlamentario de tiempo completo, fiel a sus principios liberales, sin saltos camaleónicos. No era de populismos, progresismos, discursos o utopías. Se aplicaba a los resultados, con sentido común. Apoyó al candidato presidencial costeño Evaristo Sourdís en 1970. Siguió la línea tradicional de su amigo, el expresidente Julio César Turbay Ayala y de Hernando Durán Dussán y en sus últimos años al expresidente Álvaro Uribe Vélez, lo hizo desde la convicción.

Asimismo, deja un modelo de liderazgo como hombre de campo, ganadero, cronista y patriarca de una familia numerosa.

Donó tierras para impulsar la industria como Cicolac, escribió para preservar la memoria vallenata y soñó obras que otros terminaron décadas después, como la avenida que hoy lleva su nombre. Pero, sin duda alguna, lo más valioso que nos enseñó, y que debemos rescatar y poner en práctica siempre, es que lo público es del pueblo, no del gobernante, como solía decir.

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