Seguimos añorando el Valledupar de ayer y atesoramos en nuestro sentir esos míticos espacios y escenarios que nos abren el corazón a los recuerdos. Recordamos lo que teníamos; no había Uber, el celular era ficción con Dick Tracy, la tira en la que el personaje usaba un reloj de pulsera transmisor; los taxis de la época eran los viejos Jeep Willys, con estación en Cinco Esquinas y al frente de Copetran, Brasilia y Cootracegua en toda la séptima. Un terminal de transporte abierto.
La plaza Alfonso López, el mítico escenario del festival de acordeones y la leyenda vallenata. La iglesia del Rosario y la Concepción, dos de los templos católicos más históricos y representativos de Valledupar, ubicados en el centro de la ciudad. Gran centro histórico de casas antiquísimas con historias propias.
Valledupar tuvo en Hipinto la primera embotelladora de gaseosa. Era un sitio icónico, la gente podía observar a través de unos ventanales inmensos el envasado de la gaseosa. Todo un acontecimiento industrial para la época, inversionistas santandereanos que después se fueron y dejaron a Valledupar sin esa empresa.
Recordemos el mercado viejo, hoy es la galería. Se convirtió en viejo cuando hicieron el nuevo mercado donde está ubicado actualmente.





