Los recientes y muy acertados nombramientos realizados por el presidente Abelardo de la Espriella, con profesionales de nuestra región que cuentan con experiencia, formación y conocimiento de las realidades del territorio, representan una oportunidad que no debería desaprovecharse.
Más allá de las consideraciones políticas que puedan suscitar estas designaciones, existe la responsabilidad de convertir la representación institucional en capacidad efectiva de gestión para el Cesar y Valledupar. Durante los últimos años, nuestra región ha evidenciado importantes déficits en materia de gestión ante el Gobierno Nacional. Para materializar esta oportunidad, debemos ir más allá de la simple asignación de recursos y consolidar capacidades para formular y estructurar proyectos, movilizar fuentes de financiación, articular instituciones, priorizar inversiones, hacer seguimiento a las políticas públicas y lograr que las decisiones nacionales tengan una expresión concreta en el territorio.
Nuestra región actualmente enfrenta desafíos estructurales que requieren una intervención coordinada del Estado: infraestructura, seguridad, movilidad, generación de empleo, competitividad, salud, educación, servicios públicos, transición energética, desarrollo rural y fortalecimiento de nuestras capacidades institucionales. Ninguno de estos problemas se resuelve mediante esfuerzos aislados ni con respuestas coyunturales. Se requiere una verdadera agenda territorial de desarrollo, construida a partir de prioridades claras y articulada entre el Gobierno Nacional, la Gobernación del Cesar, la Alcaldía de Valledupar, el Congreso de la República, el sector privado, la academia y las organizaciones sociales.





