Para que un Estado sea eficiente, no basta con reducir la nómina, es necesario eliminar los trámites innecesarios, tener claridad en los objetivos, definir roles, trazar metas que sean medibles, implementar la meritocracia en la escogencia del talento humano, trazabilidad y transparencia en los procesos. En cuanto a lo primero, es necesario establecer el punto de partida, para determinar cuál es la situación real de cada sectorial, y en ese orden de ideas no se logra entender la renuencia del sub judice presidente electo a realizar el empalme con el Gobierno saliente, dilapidando la posibilidad de tener información de primera mano (¿?).
En columna anterior, expresábamos nuestra admiración por Chile, pues sin mayores problemas pasaban de un presidente de izquierda a uno de derecha, y el que asume termina lo que el otro dejó inconcluso, poniendo a la nación por encima de cualquier interés político. Aquí ocurre todo lo contrario, de un plumazo se acaba con lo realizado por el Gobierno saliente, y para muestra varios botones: se apoyará el fracking como parte de la estrategia energética.
Eso es diametralmente opuesto a la defensa del medio ambiente, y muy probablemente causará un grave detrimento en el recurso hídrico. El daño, desde luego, no se le hará a Gustavo Petro, sino a nuestra biodiversidad. Segundo: Un bloque de búsqueda contra la corrupción dirigido directamente por la Presidencia de la República. Nos preguntamos: ¿y de cuándo acá un presidente ejerce ese rol? ¿En qué parte del artículo 189 de la C.P. aparece dicha función?





