COLUMNA

Una mujer llamada otoño

Nació un primero de octubre de un año que no recuerdo y murió un diecinueve del mismo mes de un año que sí recuerdo, pero que no quiero recordar.

canal de WhatsApp

Nació un primero de octubre de un año que no recuerdo y murió un diecinueve del mismo mes de un año que sí recuerdo, pero que no quiero recordar.

Mi padre la amó como dijo un día que toda su vida junto a ella había sido una poesía; sin embargo, ante su partida ahora solo vislumbra en el horizonte el frío del invierno y su cielo se ha vuelto gris como su barba y su pelo, arropado con una profunda melancolía, deseando con fervor que sus ojos se apaguen como se apaga la luz de los días que habita y que le llegan sin querer, después de combatir con su corazón toda la noche deseándola eterna.

Cuando llegó a su vida se entregó en cuerpo y alma a aquella sigilosa dama que, con su pelo rojizo, rubio y blanco, a la vez, atrapaba el viento, obligándolo a silbar para liberarse. Ni siquiera este, masoquista, escapó a su encanto, regresando a ella y enredándose entre sus cabellos y solo silbaba cuando tenía que marcharse. Parecía fría, pero su calidez y fecundidad fueron fecundas, valga la redundancia. Muchos hijos, muchas vidas dejó como recuerdo entre los recuerdos y él la ve regresar cada cierto tiempo, pues cuando sopla el viento sabe que es su aliento el que murmura y que solo él con nitidez la escucha.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR