COLUMNA

Un gran hombre, me dijo de él Rodolfo Campo Soto. En memoria

Esta columna habrá de ser concreta, como lo era el jurista y político Dr. Jaime Calderón Brugés. No era rígido, pero sí disciplinado, y sabía relacionar el rigor de la norma con la finalidad del bien público. Fue esa mezcla, a veces incómoda, entre el rigor técnico y la sensibilidad social.

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Esta columna habrá de ser concreta, como lo era el jurista y político Dr. Jaime Calderón Brugés. No era rígido, pero sí disciplinado, y sabía relacionar el rigor de la norma con la finalidad del bien público. Fue esa mezcla, a veces incómoda, entre el rigor técnico y la sensibilidad social lo que definió su labor y su estilo de vida pública. Tenía una vocación intelectual evidente.

Obviamente le gustaba estudiar y leer sobre literatura relativa a su profesión, escritos doctrinales, pero también escuchar las opiniones de los demás. Su capacidad de traducir lo complejo en comprensible le confería autoridad; pues no se trata sólo de saber, sino de saber comunicar con precisión por qué una norma debe aplicarse tal como está o necesita ajustes para evitar impactos indebidos.

Cuando en nombre del Partido Conservador desempeñó las funciones como Registrador Nacional del Estado Civil de las personas, lo hizo con lujo de detalles y eficiencia ponderada, y solía mostrar una combinación de firmeza con apertura, defendiendo principios como la igualdad ante la ley, la separación de poderes y la transparencia, y también estaba dispuesto a escuchar críticas, reformar enfoques y buscar consensos cuando las condiciones lo permitían.

La ética profesional era un aspecto decisivo en su trayectoria. La integridad, el cumplimiento de la legalidad y la responsabilidad ante la ciudadanía estaban siempre en el centro de sus decisiones. Sabía que cada intervención suya, cada decisión, podía generar efectos en la vida real de la gente, desde la protección de derechos fundamentales hasta la facilitación de trámites administrativos. Por ello, combatía maniobras para obtener beneficios particulares y promovía procedimientos claros y previsibles. Esa actitud ética no era sólo teoría; se traducía en prácticas concretas como la transparencia en el financiamiento de campañas, la justificación pública de sus decisiones y la rendición de cuentas ante la ciudadanía y ante las instituciones políticas.

En lo discursivo, su estilo era directo, pero contenido. Le gustaba oír propuestas para luego estructurar respuestas con impacto social positivo, presentando soluciones concretas y razonables, a fin de obtener resultados positivos.

Cuando el Dr. Calderón Brugés abordaba temas polémicos, buscaba mostrar los puntos de consenso y los posibles dilemas éticos que pudieran surgir. Sabía a la perfección que el derecho no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para ordenar la convivencia y proteger derechos.

Como también se sabe, después de su paso por la Registraduría Nacional del Estado Civil de las personas, el Dr. Calderón Brugés desempeñó con acierto, pulcritud y eficiencia el honroso encargo de notario público del Círculo de Bogotá. Y en ambos compromisos con la función pública se evidenció su participación en foros notariales, acudiendo a debates sobre mejores servicios de dicha función.

Pero además fue un político pulcro y como tal no era raro verlo en barrios periféricos, en asociaciones vecinales o en conferencias académicas. Como tal, su agenda solía estar a menudo llena de compromisos con organizaciones cívicas, fundaciones y gremios profesionales que buscaban una mejor gobernanza, una justicia más efectiva y una administración más transparente. En estas interacciones, intentaba balancear la consideración técnica con la experiencia de la calle, lo que le permitía proponer soluciones que no sólo funcionaran en teoría, sino que también fueran realizables y aceptables socialmente.

La vida personal de un jurista-político suele girar en torno a la disciplina y a la curiosidad por entender cómo funciona el mundo, y eso lo practicó Jaime Calderón Brugés.

A su esposa, la muy distinguida Leonor, y a sus hijos y toda su familia, mi más sentido abrazo de condolencia, y de los míos.

Por Rodrigo López Barros 

rodrigolopezbarros@hotmail.com

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