Retomo mis notas semanales en este año 2026, año de la alegría y el amor; no está estipulado en ninguna parte como tal, pero así lo siento y lo promulgo de esta manera. El poder de la actitud positiva.
Yo quiero escribir mil versos, un poema todos los días, sea regular o sea malo, pero que lleve un mensaje bonito… Eso deseo y trato de llevarlo a cabo, de cumplir con mi deseo.
Porque en medio de tantas noticias malas, de tanta polarización y rivalidades, de tantas guerras, muertes y zozobras; desasosiegos que nos alteran y nos conducen a cometer imprudencias y errores, en medio de esos veranos de amor, unas gotas de rocío poético nunca están de más.
Dibujo con mis versos la gratitud por la vida, por las cosas sencillas, dar valor a las pequeñas cosas; y busco la manera de exaltar la amistad.
“Tengo la suerte bendita/ de contar con mis amigos
cada uno es testigo/ de lo que el mundo necesita.
Y en mi corazón va escrita/ esa historia del amor/
que nace como un clamor/ un amigo es como hermano/ que te brindará la mano/ y es su luz grato fulgor”.
Y ante esta visión, ante un fenómeno de incredulidad que nos agobia, brindarnos un poco de sosiego y darle paso a ese sentir especial que un día Roberto Carlos nos transmitió como una oración, como marcando esa apología natural a la amistad: “Yo solo quiero mirar los campos, yo solo quiero cantar mi canto, pero no quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos”.
“Quiero llevar este canto amigo a quien lo pudiera necesitar… yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar”.
“Yo solo quiero un viento fuerte, llevar mi barco con rumbo norte y en el trayecto voy a pescar, para dividir luego al arribar. Quiero llevar este canto amigo a quien lo pudiera necesitar; yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar”.
Yo también quiero tener un millón de amigos, o quizás menos, que estén en las buenas y en las no tan buenas, de ser posible; pero los quiero tener como a mis amigos de siempre, esos ángeles que Dios pone en mi camino para arraigar mi sentir y agradecer por ello.
Gratitud es una palabra sanadora, que nos libera de pesos innecesarios de ingratitud o desidia. Que nos pone en esa comunión entre lo bueno que recibimos y en la virtud de dar aún estando en la inopia.
Como en estos días, que percibí en mi alma el poder de la oración, el poder de los buenos mensajes; la visita del que, preocupado, buscó conocer cómo estaba mi salud. Recibí ese poder sanador del amigo y del familiar, esa oración infinita que pedida a Dios llegó hasta mí de manera certera.
Hoy sigo recuperando fuerzas, sigo centrado en fortalecer mi sentir y brindarlo recargado.
Tengo un reto, no dejar pasar por alto, en cada acto, el valor de las pequeñas cosas y consolidado por Dios exaltarlo en cada letra y en cada verso que Él me inspire. Por hoy, empecemos por dar las gracias por la vida y la salud. Gracias, amigos de mi alma. Sólo Eso.
Por Eduardo Santos Ortega Vergara





