COLUMNA

La muerte del médico 

Rafael Zabaleta Romero, el guajiro extrovertido, el gallero, padre y esposo querendón, el científico de la medicina, falleció de un infarto al corazón el pasado fin de semana en su residencia de Valledupar, ocasionando consternación y dolor por su súbita muerte.

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Hace tres meses hablé por celular con el médico Rafael Zabaleta. Una enfermera me respondió el teléfono y me dio su razón. “Está en cirugía, él lo llama”, me dijo. 

Rafael Zabaleta Romero, el guajiro extrovertido, el gallero, padre y esposo querendón, el científico de la medicina, falleció de un infarto al corazón el pasado fin de semana en su residencia de Valledupar, ocasionando consternación y dolor por su súbita muerte. Era un prestigioso cirujano oncólogo, un gran ser humano, muy comprometido con su profesión, la que ejercía con mucha atención.

Esta es la tercera columna que escribo sobre él. El 13 de agosto de 2014 resumí en mi columna de EL PILÓN una entrevista que titulé “‘El aguacero’ del oncólogo Rafael Zabaleta”. Allí muestra sus facetas y pasión por la medicina y el ser acucioso.  El 24 de agosto del mismo año publiqué la segunda columna denominada: “Alarma por casos de cáncer en Valledupar”, en donde Rafael Zabaleta da una cruda alarma por la proliferación del cáncer en Valledupar.

Hace tres meses lo llamé para saludarlo y para pedirle un favor. Me devolvió la llamada. Era un hombre de palabra, orgulloso de su familia y de su profesión, aunque a veces aparentaba que era un bravucón. “Uno tiene gente que no le cae bien, pero a mí me da lo mismo, yo doy todo por mis pacientes y mi familia, son mi vida”, me dijo. Cuando llegaba al hospital y a la clínica, todos se enteraban porque no se quedaba quieto “uno lo encontraba en todas partes”, dice el médico Pablo Morales Zamora.

En la entrevista me habló sobre la proliferación del cáncer en la región, dijo que a pesar que no había datos estadísticos, el cáncer más frecuente, que llega en fase terminal al Hospital de Valledupar, es el cáncer de estómago, el cual se considera de tipo infeccioso relacionado con una bacteria que se llama Helicobacter pylori.

Agregó que dicha bacteria se encuentra en el 80 % de los niños colombianos y ya hay estudios, sobre todo en las regiones del área andina (Nariño), en donde el científico colombiano Pelayo y Correa hizo un estudio y se conoció la historia natural del cáncer gástrico relacionado con esa bacteria Helicobacter pylori.

Afirmaba que el cáncer gástrico representa la primera causa de mortalidad por cáncer en Colombia y en el Cesar el número es preocupante. “La mayor parte de los casos se diagnostican cuando las células malignas han invadido la capa muscular. El cáncer invasivo esta precedido por un prolongado proceso precanceroso que empieza en la niñez como resultado de la infección con Helicobacter pylori, explicó.

A pesar de la falta de datos estadísticos, el oncólogo Rafael Zabaleta afirmaba que la zona andina en el Cesar, como el corregimiento de San José de Oriente, municipio de Manaure, es la zona con mayor afluencia del cáncer gástrico en el Cesar.

En su otra faceta, me decía que aprendió temprano, en los patios de su natal tierra El Molino, a calzar con espinas de ceiba los gallos finos de su época; luego viajó al exterior y se convirtió en médico, y después se especializó en cirujano oncólogo.

Recordaba con agrado y nostalgia su niñez, cuando cogía los pollos finos que eran silvestres y los peleaba en los pueblos vecinos como Villanueva, Fonseca y San Juan. “Esos gallos se mantenían solo con maíz y se emplumaban sueltos, no solamente en los rosales sino en la sierra”, aseguró. 

Nos hará falta el amigo, el médico y el gallero, y tendremos presente sus enseñanzas, sus aciertos y sus errores. Dejó los gallos cuando se fue a estudiar medicina y luego se especializó en San José de Costa Rica. Descansa en paz y condolencias para sus hijos, esposa y familiares.

Por Aquilino Cotes Zuleta

tiochiro@hotmail.com  

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