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También sin portar el arma se incurre en el delito

Por: Luis Rafael Nieto Pardo Sobre el piso del bus, debajo de las sillas del lado izquierdo, se halló el revolver calibre 38 largo, cromado, con una vainilla y cinco cartuchos.  Sobre todo cuando la afirmación tiene todos los visos de credibilidad, dado que también el expediente cuenta con el testimonio jurado de una de […]

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Por: Luis Rafael Nieto Pardo

Sobre el piso del bus, debajo de las sillas del lado izquierdo, se halló el revolver calibre 38 largo, cromado, con una vainilla y cinco cartuchos.  Sobre todo cuando la afirmación tiene todos los visos de credibilidad, dado que también el expediente cuenta con el testimonio jurado de una de las ocupantes del vehículo, quien dijo que – más tarde- al verse rodeado por los agentes del orden tiraron las armas debajo de las bancas, entre ellas una granada de fragmentación.
Se tiene entendido que los informes de la policía judicial, para restarle todo valor probatorio  el proceso, únicamente son aquellos que versan sobre labores de inteligencia, pero no los que narran la forma como se desarrolla un operativo que termina con la captura en flagrancia del delincuente, pues en este caso contiene una experiencia personal directamente percibida por los sentidos y en ese orden se trata de una atestación singular que convierte al policial en un verdadero testigo, cuyo dicho adquiere pleno valor probatorio apreciado conforme a las reglas de la sana crítica.

No falta la opinión doctrinaria que cataloga como una especie de testimonio por “certificación jurada” el de los agentes de la policía judicial cuando se trata de llevar a conocimiento de la agencia encargada de la investigación de los delitos, la forma como se llevó a cabo el operativo en caso de  flagrancia.

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