Los estridentes motores que borraron la tranquilidad dominical de los vallenatos, cambiaron la confraternidad del amor y la amistad por ruidos de guerra que infortunadamente también se sintieron en Riohacha y Santa Marta, donde los grupos paramilitares que, aunque inexplicablemente van cambiando de nombre de acuerdo al cabecilla del momento, mantienen el soterrado control social, político y económico desde hace muchos años en la región.
Nadie sabe, o al menos no nos han dicho, por qué estos dos aviones de guerra rozaron los tejados, preocupando a algunos, alarmando a otros y asustando mascotas de los hogares vallenatos, sin motivos aparentes para estas maniobras intimidatorias. ¿Será que hacen parte de la escenografía de guerra, que en estos pocos días de frustración quieren consolidar, para ocultar desaciertos frente a los otros problemas del país?
Al inoficioso sobrevuelo de los Kfir israelíes, los cuales no tienen capacidad de reacción frente a lo que pase en tierra a no ser que vayan a bombardear ciudades, se suma la fanfarronería abelardista materializada en la caricatura mal hecha de un moderno superhéroe del antiguo oeste norteamericano; protagonizando una payasada, con chaleco antibalas, pistola al cinto y un radio de comunicaciones en la mano, como si en la parafernalia de seguridad presidencial necesitara chaleco para protegerse o una pistolita sin tener a quién disparar y menos a quién hablar por el radioteléfono, siendo que los altos mandos militares van junto a él.





