La reciente entrega de los resultados de las pruebas PISA coincidió con el galope apocalíptico de Jacob Coxon, quien renunció al laboratorio estadounidense Anthropic no sin antes advertir que la inteligencia artificial “matará a la humanidad en la próxima década”. Paradójicamente, los catastrofistas de la IA actúan con benevolencia frente a una posible guerra mundial o la crisis climática, amenazas que bien podrían acabar antes con nosotros.
Los resultados de la prueba PISA muestran un bajón generalizado a nivel mundial. En lo relacionado con la comprensión lectora, las explicaciones apuntan a las dificultades para mantener la atención de textos largos o de cierta complejidad. Esto podría estar vinculado con el uso de dispositivos digitales y de inteligencia artificial.
Colombia es el país de Latinoamérica donde los estudiantes más usan la inteligencia artificial, seguido por Perú y tercero, Uruguay. La IA es una herramienta que sirve de apoyo, pero su inadecuado uso puede convertirse en un atajo que evite el esfuerzo y el razonamiento que los estudiantes necesitan desarrollar. Por lo tanto, es menester responder: ¿dónde está el límite del uso de la inteligencia artificial como apoyo para aprender y no para que piense por nosotros?





