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Recordar lo que somos

“Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris”, “recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”.

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“Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris”, “recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”. Somos de memoria frágil o es que tal vez muchas veces preferimos no recordar y olvidamos lo que de forma inevitable se arraiga no solo en nuestras mentes sino también en nuestros corazones.

La vida siempre creemos que nos ha sido sonriente, quizás porque de alguna forma, voluntaria o involuntaria, la asociamos con alegría, felicidad y hasta belleza, y nos olvidamos de que en ella de igual forma se encuentra inmersa la tristeza, el llanto, el sacrificio, el dolor y hasta la muerte.

Somos aves de paso, fugaces cuerpos que anhelamos casi siempre ni siquiera envejecer; hacemos de todo y acudimos a lo que esté a nuestro alcance para prolongar nuestra juventud; muchos acuden a tratamientos de belleza, estéticos y hasta quirúrgicos para intentar borrar el paso del tiempo y así disimular las grietas de la piel y las estrías que nos marca el cansancio de la vida. 

Cualquiera que haya leído “El retrato de Dorian Grey” del famoso escritor dublinés Oscar Wilde, debería reflexionar sobre la enseñanza que su contenido deja. Más allá de ser una novela, enmarcada como un magnífico referente literario, es un manual de reflexión sobre la vanidad del hombre; hasta dónde es capaz el ser humano para detener su envejecimiento y hasta soñar con convertirse en inmortal. El hombre idolatra su belleza y su juventud sin pensar que mañana nos uniremos a la Tierra, a esa misma que nos permitió nacer.  

Muchas iglesias dan inicio con el Miércoles de Ceniza a la denominada Cuaresma, un período de seis semanas de penitencia antes de Pascua. Un día que le recuerda al hombre que tenemos una fecha de vencimiento, un rótulo de caducidad y que el signo que se impregna en las frentes de los que acuden a que se les coloque en la frente no es más sino el recordatorio de la vigencia de la vida en esta tierra.

El simbolismo de la ceniza se relaciona con el hecho de ser el residuo frío y pulverulento de la combustión, lo que persiste luego de la extinción del fuego. ​ La ceniza simboliza la muerte, la conciencia de la nada y de la vanidad de las cosas, la nulidad de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia. Somos, como dije, queridos lectores, aves de paso sobre un cielo que algún día oscurecerá y en el que se formarán nubes tan espesas que terminaremos cavilando y caminando entre ellas, o por qué no, tal vez hasta las habitaremos y junto a otros “andaremos en las nubes”.

La imposición de ceniza, como lo dije, ahora se entiende como una costumbre que recuerda a los que la practican que algún día vamos a morir y que el cuerpo se va a convertir en polvo. Sin embargo, no siempre ha sido así, pues, antes el gesto también se utilizaba para expresar el dolor por los pecados y las faltas. Las cenizas podían simbolizar la muerte del viejo yo pecador y su retorno al polvo. 

Pero, sea cual fuere el simbolismo o significado de dicho ritual por designarlo de alguna manera, el hecho de relevancia que hoy aún los que practican dicha costumbre mantienen está siempre asociado a lo que somos, seres humanos, de carne y hueso, para nada exentos de errores y pecadores para las iglesias y los credos profesados por ellas, somos personas comunes y corrientes en donde casi siempre, día a día incurrimos en faltas que agravian a nuestros semejantes, convirtiéndonos en victimarios y también en víctimas. Somos hijos de la Tierra y a ella algún día volveremos. Nos fusionaremos a ella, no importa el método. 

Tal vez la costumbre de la imposición de la cruz de ceniza todos los miércoles que da inicio a la Cuaresma sea espaciada y que cada anualidad nos lo recuerde, sin embargo, queridos lectores, no podemos ni debemos olvidar jamás lo que somos y recordar que algún día solo fuimos y seguiremos siendo parte del polvo de estrellas que se ha regado en el universo por eones de existencia. “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris”, “recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”.  

Por Jairo Mejía

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