COLUMNA

Leandro Díaz aprendió a valerse por sí mismo

Uno de los cantautores más importantes y prolíferos de la música vallenata en Colombia fue Leandro Díaz Duarte, quien nació en La Guajira el 20 de febrero de 1928 y falleció en Valledupar a sus 85 años. El próximo viernes será su natalicio.

canal de WhatsApp

Uno de los cantautores más importantes y prolíferos de la música vallenata en Colombia fue Leandro Díaz Duarte, quien nació en La Guajira el 20 de febrero de 1928 y falleció en Valledupar a sus 85 años. El próximo viernes será su natalicio.

Leandro Díaz estuvo en cada parranda y vivió anécdotas con todos los músicos en cada pueblo de la provincia, especialmente en Manaure, La Paz, San Diego, El Plan, La Jagua y Codazzi. Varios amigos suyos contaron que Leandro fue ciego de nacimiento, pero se afirma que una vez vio un resplandor cuando tenía 16 años, pero no dieron más detalles.

Mi papá, Aquilino Cotes Calderón, quien fue contemporáneo con Leandro y muy amigo de él, me contó que “un sábado por la noche estábamos en una parranda con Juan Calderón, Antonio Brahín y Hugo Araújo. Llegó Leandro muy apresurado para que lo acompañáramos a una tienda, cerca de la acequia que atravesaba al pueblo. Era muy cerca del lugar y fuimos con él. Le pidió a Hugo, a ‘Toño’ Salas y a Juan que tocaran sus guitarras y le cantaran a la mujer que estaba en la tienda”. Esa mujer era Clementina, con quien se casó en 1957 y tuvo sus hijos, entre ellos Ivo Luis Díaz Ramos. Ella falleció en 2009 en Valledupar. 

Varias veces entrevisté a Leandro. Una vez, en Manaure, me dijo que la primera vez que llegó a ese municipio del Cesar fue en 1953, a unas fiestas de la Virgen del Carmen, de la cual era devoto y quien también es patrona de su pueblo, Hatonuevo.

“En esa oportunidad me hice muchos amigos con mis simples cantos y mis simples versos, y al año siguiente vine invitado por Poncho Cotes Queruz, mi gran amigo. Fue mi guía en Manaure y en todos los pueblos de la región”, explicó Leandro. 

Se recuerda que Leandro estuvo inmerso en indescifrables habilidades artísticas, con mucho talento literario y una genialidad que asombraba a todo el mundo con sus cantos. A pesar de su ceguera, deambulaba por su casa en San Diego sin tropezarse. Una característica especial es que la puerta de la calle de su casa estaba a la derecha, al igual que la puerta del patio, en línea recta. Supe después que era para evitar tropezarse entre el patio y la puerta de la calle. 

Un día, hablando con Ivo Luis Díaz, reveló que era cierto que en la familia de su papá varios han tenido problemas de ceguera; no solamente su tío Urbano, también su otro tío Jaime y varios de los hermanos de su padre. Incluso, una de las nietas.

Los amigos lo hicieron ir a una clínica especializada en Bogotá. El dictamen fue que a Leandro, al nacer, al parecer le cayó líquido amniótico en los ojos y eso le quemó la retina. Se supo de la ceguera a los ocho días de nacido porque sacaron al niño al sol, como era costumbre para el tema de la vitamina D, y el pelao no pestañeó. 

“Mi papá me contó que él vivía golpeándose cuando caminaba; a golpes aprendió a valerse por sí mismo y, en verdad, él tenía las piernas muy marcadas por los golpes que se daba”, dijo Ivo. “Esa compenetración que tuvo mi papá con la naturaleza fue impresionante. Eso fue una cosa fuera de serie; entonces, la gente especula cuando dicen que Leandro sí veía”, agregó.

“Mi papá era pura melodía, su imaginación fue maravillosa, siempre acertaba en sus opiniones”, comentó el cantor vallenato Ivo Luis Díaz, quien heredó de su padre la musa del canto improvisado y de la composición vallenata.

Hasta la próxima semana.

Por Aquilino Cotes Zuleta / tiochiro@hotmail.com | @tiochiro

TE PUEDE INTERESAR