COLUMNA

En el filo de la navaja

Este es el punto donde una decisión mal tomada puede ser mortal; esta expresión es equivalente a estar en el punto de inflexión, una posición geométrica.

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Este es el punto donde una decisión mal tomada puede ser mortal; esta expresión es equivalente a estar en el punto de inflexión, una posición geométrica. Aquí se encuentra nuestra nación que el próximo 08/03/2026 deberá tomar una decisión definitiva: o mantiene el statu quo que solo les sirve a las élites dominantes o entra a restituir el derecho que como pueblo le pertenece. Dada la estructura constitucional de Colombia es, quizás, más importante tener mayorías parlamentarias que tener un prisionero en la Casa de Nariño; es en el Congreso de la República donde reside el verdadero poder, por eso, tener una curul es tan importante; por eso invierten inmensas fortunas, no fruto del trabajo sino del erario mismo y/o del narcotráfico; lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta reza el refrán. El mundo político de antaño está nervioso, sabe que la continuidad de un gobierno progresista le dañará esa fiesta pese a tener poderosos aliados en muchas instituciones del Estado y del sector privado y entiende que en tres periodos sucesivos de gobierno progresista perdería su vida muelle. A este gobierno lo quieren detener o desaparecer a como dé lugar; la más reciente denuncia de Petro sobre un itinerario emergente no previsto para evitar que el helicóptero en el cual volaba con sus hijas con destino a Montería, fuera derribado. Esto indica que los propósitos son totales y perversos, los enemigos están por fuera y por dentro; el caso de dos oficiales que fueron llamados a calificar servicios por intento de homicidio en cabeza del presidente de la república, son apenas una muestra de lo que está sucediendo.  La razón es obvia, Petro tiene puesto el acelerador con las denuncias personalizadas contra los mafiosos que han secuestrado al país. Es curioso que todas las decisiones de las altas cortes y de otros organismos colaterales sean adversas al gobierno que también cuenta con poderosos juristas para tomar sus decisiones; esto nos hace pensar que en el país hay una asonada institucional contra el presidente Petro quien en persona poco tiene que perder, los verdaderos perdedores son los millones de colombianos que viven en degradantes condiciones. No hay que ser constitucionalista para ver el desbordamiento hecho por algunos órganos de poder, es una vergüenza internacional en términos de democracia real. No solo los ríos y las represas se desbordan y solo lo hacen cuando la naturaleza es desafiada por el hombre mediante decisiones gubernamentales y/o jurídicas; el caso de Urrá nos recuerda que a la naturaleza hay que respetarla. El más reciente fallo del Consejo de Estado es preocupante, más que una decisión de un tribunal contencioso, parece una exigencia gremial suspendiendo provisionalmente el decreto ley que produjo un alza en el salario mínimo mensual. Ya antes habían tumbado varias emergencias y decretos que favorecían a las comunidades olvidadas. Ignoro quiénes estén asesorando a las cortes en temas económicos, pero parecen no ser eruditos. He escuchado acerca del concepto “derecho de gentes”, principio del derecho romano del cual se nutre en gran parte nuestra juridicidad, pero esta decisión está alejada de esa concepción; se están quedando con las prácticas de Calígula; una insinuación la hizo un senador de cuyo nombre no quiero acordarme llevando su caballo al capitolio, no a dictar leyes sino a mostrarnos el bozal. Este código asnal es el que rige en el Consejo Nacional Electoral, el cual en su más reciente providencia quiere impedirle a Iván Cepeda que participe en una consulta, la más elemental de las normas democráticas. Según ese curubito de “letrados”, consultar al pueblo no es permitido. He dedicado más de 60 años a esta tarea por la cual he perdido oportunidades, es frustrante, pero una luz se asoma. Ahí les dejo a Lina de Armas, Frente Amplio por el Cesar, Cámara, para que ella continúe mi labor hasta que lo estime prudente. Apóyenla, vale la pena. 

Por Luis Napoleón de Armas P.

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