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¡¡¡Qué hago, Dios mío, qué hago!!!

Lo que encontramos es un servicio ineficiente, indolente y muy malo, pues parece que se deleitaran con el sufrimiento y el dolor de los enfermos y sus allegados.

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¡Qué hago, Dios mío!, ¿qué hago con esta cruel realidad que estoy viviendo? La vida, en un abrir y cerrar de ojos, me ha golpeado cruelmente; en un instante me cambió y se volvió un infierno, donde no todo, pero sí casi todo, es sufrimiento por los golpes recibidos por familiares muy cercanos. Y cuando uno cree que las entidades de salud a las cuales estamos afiliados, en este caso la prepagada Colsanitas, muy cara, y la contributiva Sanitas, nos ayudarían a mitigar el dolor y resolver los problemas a los que tenemos derecho, porque para eso nuestros pagos son oportunos, lo que encontramos es un servicio ineficiente, indolente y muy malo, pues parece que se deleitaran con el sufrimiento y el dolor de los enfermos y sus allegados.

Estas entidades están obligadas a prestar el servicio denominado en inglés Home Care, servicio a domicilio o en casa, pero, para que lo hagan, no sé cómo hacer: es casi imposible y, al contrario, obstaculizan todo para no prestarlo, con el concurso de muchos médicos, médicos de computadores, de esos que no levantan la cabeza para hablar con uno, no le ponen la mano al paciente y, además, desoyen olímpicamente lo que otro colega les está indicando. Veamos el ejemplo en la Clínica Cardiovascular, donde mi señora María Mercedes Morón de Aponte, identificada con la cédula de ciudadanía número 26.940.119, más conocida como «Mercy», sufre desde hace varios meses de demencia senil y hace un mes le dio un derrame cerebral.

Desde entonces, después de ser operada exitosamente, permanece en estado inconsciente, con tubos en la boca, la nariz y el estómago, y catéteres por todas partes. Su recuperación es lenta; estamos en las manos de Dios, esperando que le den de alta para traerla para la casa, pero también esperando, con la paciencia de Job, que Sanitas nos preste el servicio de Home Care por 24 horas, ya que su estado de salud así lo requiere. Un médico así lo determina y otro lo contradice; el primero es el que la ha tratado y el otro nunca la ha visto.

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