He tenido la fortuna de ejercer varias de las vocaciones que descubrí a lo largo de mi vida. Desde niño quise ser cantautor y la música me ha acompañado siempre. También me apasionó tempranamente el periodismo, aunque solo pude incursionar en él después de los treinta años. Más adelante llegaron el derecho y la docencia, profesiones que me han permitido dedicar buena parte de mi existencia a combatir las injusticias y compartir conocimientos.
No me arrepiento de haber deambulado entre estas actividades, pero debo confesar que hoy me preocupa profundamente el deterioro ético que observo en una parte del periodismo colombiano.
Tuve la fortuna de cursar una maestría en periodismo en la Universidad del Rosario, donde aprendí principios que considero irrenunciables: verificar la información, contrastar las fuentes, diferenciar los hechos de las opiniones y comprender que una entrevista no puede convertirse en un escenario donde el periodista renuncie a preguntar.






