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¿Paloma o Tigre?

Esta es la pregunta que hoy se hacen muchos ciudadanos que aún no han decidido por quién votar en la primera vuelta: ¿apoyar una campaña independiente como la de Abelardo de la Espriella o votar por la candidata del uribismo y del Centro Democrático, Paloma Valencia?

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Esta es la pregunta que hoy se hacen muchos ciudadanos que aún no han decidido por quién votar en la primera vuelta: ¿apoyar una campaña independiente como la de Abelardo de la Espriella o votar por la candidata del uribismo y del Centro Democrático, Paloma Valencia?

Sin embargo, más allá de la afinidad personal que se pueda tener con uno u otro candidato, la verdadera pregunta debería ser qué tipo de gobierno representaría cada uno. En ese análisis hay un elemento que no es menor: ambos candidatos ya eligieron a sus fórmulas vicepresidenciales, decisiones que buscan atraer votos del centro político e incluso de sectores del petrismo desencantados.

Paloma Valencia escogió como fórmula a Juan Daniel Oviedo, mientras que Abelardo de la Espriella eligió a José Manuel Restrepo. Sin profundizar demasiado en los perfiles de los vicepresidentes —quienes muchas veces resultan más útiles para sumar votos que para ejercer funciones reales de gobierno—, vale la pena entrar en materia y analizar cómo podría ser el gobierno de cada uno de estos candidatos.

Si Paloma Valencia fuera presidenta el día de mañana, además de hacer historia al convertirse en la primera mujer en ocupar la presidencia del país, su estilo de gobierno probablemente estaría marcado por la continuidad de los valores democráticos defendidos por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Es probable que gobernara acompañada de muchas de las figuras que participaron en el gobierno de Iván Duque, con personas valiosas dentro del Centro Democrático. Sin embargo, también podrían aparecer dentro del gobierno algunos sectores del uribismo que, aunque se cobijan bajo esas banderas políticas, no necesariamente representan trabajo ni votos, pero que por afinidad política terminarían teniendo espacio y peso dentro del gobierno. Ojalá no se repita un escenario que muchos percibirían como un “Duque 2.0”.

Por su parte, si Abelardo de la Espriella llegara a la Presidencia —según lo que él mismo ha manifestado— su gobierno estaría conformado principalmente por tecnócratas, algo que ya se refleja en la elección de su fórmula vicepresidencial. Hasta ahora no se ha sentado con las maquinarias políticas tradicionales, aunque eso no garantiza que no lo haga en el futuro. Su discurso se ha basado en que los votos deben ganarse a pulso y en que su experiencia empresarial demuestra que el éxito se logra con gestión y resultados. Para él, el Estado es la empresa más grande del país y debería ser administrado con esa misma lógica de eficiencia.

Abelardo es, además, un personaje caribe, histriónico y polémico. Su estilo divide opiniones: a algunos les gusta su forma directa y confrontacional, mientras que a otros les genera rechazo. Si llegara a la Presidencia, la expectativa sería que conserve ese entusiasmo y energía que hoy proyecta en campaña.

Hoy el panorama parece resumirse en una metáfora sencilla entre estos dos candidatos: un tigre que ruge y que podría comerse a la paloma, o una paloma que vuela alto y no se deja alcanzar.

Por Rafael Cuello Velasquez

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