COLUMNA

Polarización peligrosa

En el mundo en su conjunto se observa una división preocupante. Puede deberse a la división de opiniones de un grupo o simplemente a factores como la desigualdad de ingresos.

canal de WhatsApp

En el mundo en su conjunto se observa una división preocupante. Puede deberse a la división de opiniones de un grupo o simplemente a factores como la desigualdad de ingresos. Antes, en democracia, los gobernantes lograban acuerdos con sus oponentes o podían organizar coaliciones que les permitían tomar decisiones y gobernar eficazmente. Ahora, los rivales políticos a menudo se transforman en enemigos irreconciliables, lo que imposibilita los acuerdos, los compromisos o las coaliciones. Se han convertido en transistores de polarización, convirtiéndola en una pandemia globalizada en la mayoría de las democracias del mundo.

No es la primera vez que escucha la palabra polarización. Tampoco hace parte de las personas que evitan el tipo de polarización más constante: la polarización política.

La retórica, como una habilidad política enormemente ventajosa, se siente como un estímulo a la exaltación para enfrentar los cambios sociales, culturales y tecnológicos impuestos por actores de la antipolítica (repudio total de la política y los políticos tradicionales), pero que al mismo tiempo son catalizadores de la polarización y portadores del declive de la deferencia y los modales formales. La creación de espacios y redes digitales desinhibidos ha abierto un mundo de activistas escandalosos, incluso con investidura de poder, que aprovechan esos espacios para fomentar el extremismo.

Algunos estudios concluyen que la polarización política no es una amenaza tan grave como los medios de comunicación suelen afirmar. Sin embargo, esto no significa que la polarización no sea un problema; sin duda, existen grandes y crecientes divisiones entre grupos políticos opuestos en muchos ámbitos. Dependiendo de las circunstancias, oponerse a otro grupo político puede contribuir a romper el statu quo y a combatir las desigualdades o los desequilibrios de poder. 

Una cierta cantidad de desacuerdo es esencial para una democracia saludable. El pluralismo en sí mismo es algo bueno; los problemas solo surgen cuando las opiniones divergentes conducen a una animosidad excesiva hacia facciones políticas opuestas. En nuestro clima actual, donde la polarización se enmarca con frecuencia como el mayor desafío de la democracia, es crucial recordar que la disonancia cognitiva o las tensiones ideológicas no son inherentemente malas.

El problema en la mayoría de las democracias modernas reside en que la combinación de polarización política y fragmentación social aumenta el riesgo de que las sociedades democráticas se desintegren o colapsen. El impacto de la polarización política y social en nuestra vida cotidiana es significativo. Las opiniones políticas extremas pueden afectar nuestra vida profesional, por ejemplo, al elegir compañeros de equipo, y nuestra vida personal, influyendo en las personas con las que socializamos fuera del trabajo. 

El contexto político del país de cara a las próximas elecciones invoca moderación, para reflexionar sobre cómo debemos encarar nuestra problemática socioeconómica. O bien, seguir hurgando en la infructuosa disputa izquierda-derecha, que solo exacerba la polarización que limita el avance institucional, económico y social, o mejor comenzar a contrarrestar los escollos como la incapacidad de realizar políticas de largo plazo, lo que en la jerga cotidiana se conoce como políticas de Estado. 

POR LUIS DÍAZ @LuchoDiaz12 

TE PUEDE INTERESAR