COLUMNA

Después de un largo descanso sabático

Hoy, con mucho entusiasmo y agrado, retomo mi labor de columnista en EL PILÓN, periódico emblema de Valledupar.

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Hoy, con mucho entusiasmo y agrado, retomo mi labor de columnista en EL PILÓN, periódico emblema de Valledupar. Para mí ha sido una misión que siempre he realizado de manera altruista desde el 3 de diciembre de 1999, fecha memorable como homenaje al médico cubano, Carlos Juan Finlay, quien en 1881 descubrió que la fiebre amarilla —enfermedad viral causante de altísima morbimortalidad a la humanidad— es transmitida por la hembra fecundada del mosquito Aedes aegypti.

Afortunadamente, en 1937, Max Theiler, médico sudafricano, logró elaborar la vacuna preventiva con el patrocinio de la Fundación Rockefeller. Y en 1951 le otorgaron el Premio Nobel de Medicina, enaltecimiento que no le hicieron a Carlos Finlay, aunque fue postulado en siete ocasiones.     

Escogí la fecha del 3 de diciembre para comunicar, especialmente a mis colegas, la injusticia social derivada de la Ley 100 de 1993, porque a través de las EPS, en Colombia la atención de la salud se convirtió en un negocio malvado -por no decir criminal-, que múltiples reformas no han podido erradicar. “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”, dice el refrán popular. Y ya la Ley 100 lleva casi 33 años inmolando a la población más pobre de nuestro país.   

Gracias a Dios por conservar la voluntad para continuar escribiendo. Y a mis asiduos lectores que han añorado mi columna durante mi largo descanso sabático, con sumo respeto y sinceridad, les confieso que múltiples factores incidieron para que en el año 2025 EL PILÓN no haya publicado mi columna semanal. La causa principal han sido mis estancias prolongadas fuera de Valledupar, siempre con la compañía de mi esposa, algunas veces por la búsqueda oportuna de tratamientos terapéuticos idóneos para la sanación o mejoramiento de achaques de la salud; otras veces por desplazamientos temporales a las diferentes ciudades donde residen nuestros hijos y nietos. Gracias a Dios, somos abuelos sin responsabilidades laborales y con el privilegio de recibir mesadas de jubilación, y todavía con habilidades para apoyar el cuidado en la crianza de los nietos, faena muy placentera que, además, fortalece la fraternidad familiar.

Por la edad que ya tengo, me he propuesto acelerar el proyecto de publicar un libro. Propósito que me demanda escribirlo lo más rápido posible; por lo tanto, después de esta columna, cada semana a través de EL PILÓN procuraré publicar partes (capítulos) del anunciado libro, que comprenderá la recopilación seleccionada de mis columnas publicadas en EL PILÓN durante más de 25 años. La otra parte será como un anecdotario de incidentes paradójicos, incluso ingeniosos, de los cuales he sido protagonista en el transcurso de mi vida. Si Dios lo permite, los comenzaré a publicar en la primera semana del próximo mes de febrero de 2026. En el primer capítulo narraré quiénes son mis progenitores, a los que les guardo inmenso amor y gratitud perpetua.

Mi vida ha tenido episodios muy azarosos y, obviamente, también muy satisfactorios. Por esto, me sobran razones para creer que nuestro universo fue creado por algo Todopoderoso —holístico y abstracto— que la humanidad, con pasión inconmensurable, lo distingue y cataloga como Dios.

Por José Romero Churio

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