COLUMNA

Cepeda en Valledupar                                 

No creo que alguien se haya imaginado la gran asistencia que hace pocos días registró la visita de Iván Cepeda a Valledupar. Hasta los más enconados derechistas reconocieron la importancia de la multitudinaria manifestación.

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No creo que alguien se haya imaginado la gran asistencia que hace pocos días registró la visita de Iván Cepeda a Valledupar. Hasta los más enconados derechistas reconocieron la importancia de la multitudinaria manifestación, al punto que esta vez, como es costumbre, no masificaron en redes sociales el parcial aforo de la plaza, mostrando una fotografía cuando aún no había llegado el grueso de la asistencia, y prefirieron consolarse con situaciones externas de campaña, que solo sirven para mantener su lánguida esperanza de triunfo, ahora que el favor popular les está siendo esquivo.

Y así ha sido en todos los sitios donde programan encuentros de plaza pública, la gente acude a escuchar al candidato, sus propuestas y planteamientos sobre la realidad del país, esbozando posibles alternativas de solución, en un mensaje claro, serio, pero, sobre todo, con la sencillez de las palabras del hombre que, en la simplicidad y transparencia de su vida pública, rompe con los vicios del político tradicional.

Iván Cepeda, a pesar de no tener la fogosa elocuencia de otros dirigentes, sin la floritura e histrionismo que conjuga la ideología con la pasión hasta hacer estallar las masas en un estruendoso aplauso, sí llega convenciendo, sí llega mostrando que el proceso político que atraviesa nuestro país necesita de propuestas serias, de comportamiento coherentes y de valentía para atreverse a enfrentar los falsos paradigmas que mediáticamente han vendido como correctos, pero que cada día profundizan la brecha entre el enriquecimiento de pocos y el bienestar general.  

El fenómeno se debe, muy seguramente, a que la beligerancia ideológica de cada rincón de Colombia, donde la fratricida campaña de desprestigio emprendida desde los medios de comunicación contra el gobierno de Gustavo Petro, se ha convertido en el caldo de cultivo para que el mensaje político de Iván Cepeda potencialice su efecto. Ahí debe estar el secreto del exponencial ascenso del candidato progresista.

Cepeda convence, Cepeda une, hasta en nuestro departamento, en el que la mezquindad de la dirigencia regional progresista goza más con cerrar espacios a liderazgos propios que a fortalecerlos. Se dio un buen ambiente, momentáneamente nos olvidamos del remoquete de ‘petristes’ con que sarcásticamente nos bautizaron, cuando fueron los antagonistas políticos quienes gozaron de los espacios de poder que debieron ser nuestros al vencer a las poderosas maquinarias locales.

Es por esto que debemos estar preparados para más ataques. La reacción de las masas populares los tiene desesperados, incluso contemplando la trasgresión del Derecho Internacional, la Constitución Política o lo que sea para recuperar la presidencia. Al punto que ahora se inventaron como candidato a un arlequín, una caricatura de mafioso de pueblo sin escrúpulos, un tan insensible como vacío maniquí construido sobre el pedestal de la codicia. No nos van a confundir.

Esperemos que las argucias jurídicas no impidan el normal desarrollo del proceso electoral y nuestro país pueda seguir madurando políticamente, sin ningún tipo de coacciones o restricciones hacia las tendencias políticas diferentes, solo buscando que sea la soberanía popular quien se exprese en el marco de la austeridad, respeto, transparencia y ética. Fuerte abrazo. 

Por ANTONIO MARÍA ARAÚJO CALDERÓN

amaraujo3@hotmil.com

@antoniomariaA

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