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Olas de calor: una alerta que debemos tomar en serio

Una cosa es vivir en clima cálido y otra muy distinta es enfrentar olas de calor cada vez más intensas, prolongadas y difíciles de tolerar.

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En la región Caribe estamos acostumbrados al sol, a los días calurosos y a esa sensación de humedad que acompaña buena parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, una cosa es vivir en clima cálido y otra muy distinta es enfrentar olas de calor cada vez más intensas, prolongadas y difíciles de tolerar. El calor extremo no es solo una incomodidad, también puede enfermar, descompensar a las personas vulnerables e incluso poner en riesgo la vida.

Nuestro cuerpo tiene mecanismos naturales para defenderse del aumento de temperatura. Sudamos, respiramos un poco más rápido, el corazón trabaja con mayor intensidad y la sangre se dirige hacia la piel para liberar calor. Pero cuando la temperatura ambiental es muy alta, la humedad impide que el sudor se evapore y la exposición se prolonga durante varias horas, esos mecanismos pueden no ser suficientes. En ese momento aparecen síntomas que muchas veces se pasan por alto, tales como dolor de cabeza, cansancio excesivo, mareo, sed intensa, calambres, debilidad, desmayos, irritabilidad o disminución de la orina.

Por eso, frente a las altas temperaturas, la primera recomendación es sencilla pero fundamental: hidratarse antes de sentir sed. La sed suele aparecer cuando el cuerpo ya empezó a perder líquidos. Beber agua varias veces al día, llevar un termo cuando se sale de casa y evitar permanecer muchas horas sin líquidos son medidas básicas, especialmente en niños, adultos mayores, gestantes, trabajadores al aire libre y personas con enfermedades crónicas.

También es importante reconocer que no todas las bebidas ayudan de la misma manera. El agua debe ser la principal opción. Las bebidas alcohólicas, energéticas, el exceso de café o las bebidas muy azucaradas pueden favorecer la deshidratación o generar una falsa sensación de alivio. En días de calor intenso, el cuerpo necesita agua, descanso, sombra y ventilación. Otra medida relevante es evitar la exposición directa al sol en las horas de mayor intensidad, especialmente entre media mañana y media tarde. Quienes trabajan en la calle, en obras, en el campo, en transporte informal o en actividades deportivas deben procurar pausas frecuentes, zonas de sombra, ropa ligera, protección solar y acceso permanente a líquidos. No se trata de suspender la vida diaria, sino de adaptarla con sensatez para no exigirle al cuerpo más de lo que puede tolerar.

En los hogares también se pueden tomar decisiones preventivas. Mantener los espacios ventilados, abrir ventanas cuando haya circulación de aire, usar cortinas o elementos que reduzcan la entrada directa del sol, evitar cocinar durante las horas de mayor calor si es posible y revisar con frecuencia a niños y adultos mayores puede marcar una diferencia. Muchas veces el riesgo no está solamente en la calle, sino también en viviendas que acumulan calor durante el día y no logran refrescarse en la noche.

Hay señales de alarma que no deben ignorarse. Si una persona presenta confusión, desmayo, piel muy caliente, vómito persistente, dificultad para respirar, convulsiones, dolor en el pecho o somnolencia marcada, se debe buscar atención médica de inmediato. El golpe de calor es una urgencia. Mientras llega la ayuda, la persona debe ser llevada a un lugar fresco, retirar prendas innecesarias, aplicar paños húmedos o ventilación y evitar darle líquidos si está inconsciente o muy confundida.

Las instituciones educativas, empresas, escenarios deportivos y entidades públicas también tienen responsabilidad. En días de calor extremo se deben ajustar horarios, garantizar hidratación, disponer espacios ventilados y evitar actividades físicas intensas bajo el sol. La prevención no puede depender únicamente de la resistencia individual; debe convertirse en una práctica colectiva.

Las altas temperaturas afectan el rendimiento escolar, la productividad laboral, el sueño, la salud mental, el corazón, los riñones y la calidad de vida. No basta con decir que “siempre ha hecho calor”. Las condiciones actuales exigen mayor conciencia, mejores hábitos y decisiones oportunas.

Cuidarse del calor no es exagerar. Es entender que el cuerpo tiene límites. Beber agua, buscar sombra, descansar, proteger a los más vulnerables y atender las señales de alarma son actos simples que pueden evitar complicaciones mayores. En tiempos de calor extremo, la prevención también salva vidas.

Por: Marco Antonio Cruz Duque

Decano de la Facultad de Ciencias de la salud y el deporte de Areandina, sede Valledupar

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