Es demasiado pronto para hablar de un punto de inflexión, pero los recientes reveses electorales sufridos por Viktor Orbán, Aleksandar Vučić y Jair Bolsonaro sugieren que el ciclo de expansión de los liderazgos nacionalistas podría estar perdiendo impulso. Incluso en Israel, la coalición liderada por Benjamin Netanyahu perdió su mayoría parlamentaria y la oposición se consolidó como la principal fuerza en el Parlamento.
Hungría fue el primer indicio de que algo podía estar cambiando. El liderazgo de Viktor Orbán, considerado durante años el autócrata más consolidado de la Unión Europea, comenzó a mostrar señales de agotamiento frente al ascenso de Péter Magyar. Tras años de concentración de poder, cuestionamientos a la independencia judicial y restricciones a la libertad académica, una parte significativa de la sociedad encontró en Magyar una alternativa viable.
Algo similar ocurrió en Serbia el 25 de octubre de 2026. La Lista Estudiantil, surgida de la movilización de estudiantes, académicos y ciudadanos inconformes, derrotó de forma inesperada a Aleksandar Vučić. Después de más de una década de predominio político, sostenido en el nacionalismo, la concentración del poder y el deterioro del Estado de derecho, la fórmula que parecía invencible llegó a su límite.






