Lo de Gustavo Petro es increíble. De verdad que tiene que ser uno de los casos más descarados en la historia de Colombia. Llevamos años escuchando testimonios de diferentes personas sobre las adicciones a sustancias psicoactivas del ahora presidente del Pacto Histórico. Este personaje ha dedicado su vida a despotricar de la derecha, de la clase dirigente del país, de los empresarios, de los apellidos de abolengo y de las mafias, que siempre asocia con sus opositores. Pero se le olvidan dos temas clave: que el M-19 tuvo una fuerte alianza con Pablo Escobar, el fundador y gran líder del Cartel de Medellín, de Los Extraditables, para tomarse el Palacio de Justicia, quemarlo y «limpiar» los pecados del capo al hacer desaparecer sus expedientes; y el segundo es que es un adicto a las drogas, es decir, un consumidor de los productos que ha dicho odiar y enfrentar. Así, le ha pagado, de su bolsillo, a los capos del narcotráfico que dice rechazar y combatir. La doble moral de este personaje no tiene límites.
El narcotráfico es la gasolina del conflicto, eso está claro. Quienes consumen aportan a la ecuación de la violencia colombiana. No es coherente reclamarle al Estado acciones contundentes contra el narcotráfico y comprarles a los capos su producto. Petro, al parecer, lleva consumiendo drogas desde hace años, desde hace tiempo. Su paso por el Congreso de la República, en calidad de representante a la Cámara y como senador, por la Alcaldía de Bogotá y por la Presidencia de Colombia ha estado marcado por su consumo. Inclusive, cuando hace décadas hizo parte del cuerpo diplomático en Bélgica, hay testimonios de que lo vieron drogado allá, desde entonces. Íngrid Betancourt ha manifestado públicamente que lo vio en un estado deplorable al visitarlo en su apartamento en Bélgica. Petro hizo parte de un grupo guerrillero que se alió con Pablo Escobar y, de paso, era su cliente. ¿Cómo pudo este señor llegar tan lejos?
Ahora todo nos lo muestran como un vil montaje. Las hijas de Petro salen a los medios a decir que su papá está siendo víctima de una campaña de desprestigio, obviamente orquestada por la derecha; afirman que la colombiana y la internacional se han unido para difamarlo. El peor enemigo de Petro, el más peligroso, es Petro mismo. Su historia de vida, su pasado, su presente y, seguro, su futuro lo condenan; sus múltiples secretos, relacionados con corrupción, violencia y sus excesos, se unen a las acusaciones relacionadas con sus andanzas sexuales y su consumo de estupefacientes. La compleja manipulación de la verdad, típica de las izquierdas, pretende mostrar a personajes como Matador, Hollman Morris y a Petro, entre muchos otros, como dignos de emular. ¡No faltaba más!






