Entre los pobladores de El Molino y Valledupar siempre ha existido afinidad, y entre los Castro y los Zabaleta, igual; ambas familias por años se han identificado haciendo apremio de ese simbolismo espiritual que Dios les da a los hombres de bien.
A principios del siglo pasado era fácil ver a Pepe Castro Baute, montado en su mula, Mora, y quien salía desde la Plaza Mayor de Valledupar con destino a Venezuela, su propósito era asistir a un torneo gallístico y presentar en los escenarios internacionales a su gallo Bandera Roja.
Mi bisabuelo se hacía acompañar de varios jinetes quienes desmontaban en esa bella población incrustada en la Cordillera Oriental, en el sur de La Guajira, allí descansaban y hacían reposar sus mulas. Después de un opíparo almuerzo continuaban su travesía en larga jornada, sumándose a ella un grupo de amigos Molineros, quienes ascendían por el paraje de la Ollita hasta llegar al vecino país.






