Por: Juan Camilo Restrepo.
Durante los últimos días hemos presenciado un espectáculo curioso: mientras el Presidente de la República rota afanosamente por las salas de redacción radial respondiendo cuanta pregunta formulan los desesperados pacientes sobre el desorden en que ha caído el servicio de salud pública, su ministro del Interior y de Justicia aparece proponiendo intempestivamente el cambio del sistema presidencial por el parlamentario.
O sea: mientras el Presidente se dedica a hacer correrías de micro gestión pedagógica en torno al caos de la salud, el ministro aparece haciendo macro política al plantear un cambio constitucional de profundo calado: nada menos que pasar del presidencialismo al parlamentarismo.





