Desentrañar la sabiduría, el alma ritual de los arhuacos y su entorno vivencial tiene un valor inconmensurable en la cosmovisión de una etnia fiel a sus creencias y conocimientos que conectan con la Madre Tierra en el discurrir de la vida social y multicultural de los grupos indígenas. Aventuras que resume Renato Laíno Marchena en su libro “Nabusímake entre hábitos y mantas”, obra que será lanzada este 16 de abril en la Cámara de Comercio de Valledupar, con los auspicios del presidente ejecutivo, José Luis Urón Márquez, caracterizado por apoyar causas que tejen historias en el colectivo imaginario.
El samario con linaje italiano se sumergió en los hábitos de las monjas y sacerdotes capuchinos en el internado de Nabusímake, considerada la capital espiritual de los arhuacos, otrora inexpugnable, donde en su infancia recibió la educación y formación de esta comunidad religiosa, lugar demarcado por la Línea Negra, salvaguarda ambiental, cultural y ancestral del territorio sagrado de pagamento arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo.
El laureado comunicador no recoge del suelo su condición humana nevadina en la que subyacen valores dignos de emular, adorado por sus amigos, admirado por los buenos, y no odiado por nadie, ni siquiera por sus enemigos; un tributo de Marco Junio Bruto a este temperamento y conducta que le hace honor a la decencia y el decoro.
Es una obra que pone en contexto la sabiduría de nuestros hermanos mayores y la exuberancia de un paisaje y ecosistema que se yergue como compendio poético de inspiración, para exclamar cuán grande es la naturaleza que desparrama lo bello y el arte lo concentra.
El macizo montañoso hoy más que nunca nos convoca a escuchar el grito de la tierra en súplica a la catástrofe ambiental; documento ilustrado con fotografías que capturan la luz de la aurora, pero también la oscuridad de las tinieblas y el horror de la violencia. Se reafirma entonces que la inseguridad es inseparable de la condición humana, como lo testifica el escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti.
Son valores que no se cotizan en bolsa, dice el autor de ‘Nabusímake entre hábitos y mantas’, quien nos hace reflexionar sobre el sentido de la vida, el precio de no ser amigable con la naturaleza y un nefasto materialismo que degrada el tejido social; esa naturaleza que pasa factura con el cambio climático y el calentamiento global, el detonante de todas las enfermedades. Tesis que no es traída de los cabellos, porque científicamente está comprobado que el experimento más peligroso es destruir la naturaleza, ignorar la ciencia y calentar el planeta, comportamiento de un mundo civilizado antropogénico.
Viene la antípoda en contumacia demencial de quienes ignoran el cambio climático; son los que más destruyen la naturaleza, y de ellos se ocupa en una de sus habituales columnas publicadas en EL PILÓN el doctor José Manuel Romero Churio. El calentamiento global acabará con la humanidad. Esto no es de ideología de partidos, sino de realidad, sentenció el diestro cirujano, quien dirigió su propia cirugía cuando el bombazo de Cartagena.
Trance similar, pero en circunstancias diferentes, le tocó afrontar a Renato Laíno Marchena en el fatídico atentado al tribuno de La Paz, Benjamín Costa Gutiérrez, ocurrido en 1991, acribillado con mini-Uzi tras ser impactado 18 veces en el restaurante Che Adolfo. Aunque Laíno sobrevivió luego de ser alcanzado por un proyectil que le rozó el pulmón, fue intervenido en la Clínica Ana María del Seguro Social de Valledupar por insistencia del histórico locutor y periodista, Libardo Fonseca Cotes, la “Voz de los que no tienen Voz”, quien manoteó y logró que fuera atendido de urgencia porque se asfixiaba.
Laíno Marchena nos recrea y nos conmueve entre mantas arhuacas y hábitos capuchinos, pero también trasluce destellos de folclor, influenciado en Nabusímake por el padre Lorenzo de Alboraya, protagonista de la custodia de Badillo en los cantos de Escalona; niñez que no fue ajena a la labranza y al pastoreo de ovejas, de pronto emulando al rey David.
Renato no fue inferior en la misión capuchina de atesorar conocimientos en San Sebastián de Rábago, hoy Nabusímake, cuando apenas contaba 7 años, para poner a volar la mente, lo que ejemplariza Albert Einstein subrayando cuatro enseñanzas: curiosidad, creatividad, resiliencia y simplicidad, virtudes que marcaron a Renato en los albores de la edad entre nieves y altiplanicie.
Sus primeros años en la misión capuchina contrastan la disciplina religiosa de los hábitos con la ancestral cultura indígena de las mantas, un mosaico de recuerdos y lección de vida subsumidos en la convergencia y compleja interacción entre diferentes mundos en el corazón de la Sierra Nevada. Reflexiona Renato Laíno, autobiógrafo que mezcla la proeza de vivir en la ciudad bajo el acecho de cinco grandes enemigos: la ambición, la avaricia, la envidia, la ira y el orgullo, demonios que no dan tregua para alcanzar la paz.
Por: Miguel Aroca Yepes
