¿Será que la calentura está en las sábanas o el problema es la cuantía o es porque si quien las impone es un ente privado? Claro que no, la glosa hay que hacerla alrededor de los sospechosos sistemas que utilizan las cámaras caza infractores y la manera perversa como en muchos sitios han sido instaladas, privilegiando un jugoso recaudo y midiendo los resultados en dinero y no en el nivel de prevención logrado o en el de fatalidades sorteadas y cuando lo hacen es apenas una comedia mediática, simple cortina de humo pues lo de la seguridad vial es un pretexto y funciona como “mascarón de proa”.
Lo que han hecho es afinar un procedimiento de burdo y puro lucro que si bien no califica para ser enriquecimiento ilícito, sí algo que se acerca a lo inmoral o tal vez sí lo sea. Es detestable que se haya implementado esta ayuda tecnológica con fines aparentemente loables, pero allá en el fondo lo que existe es un negocio privado que por legal que resulte no deja de ser un despropósito, una antítesis entre lo que debe ser y lo que es
Si alguien avanza temeraria y peligrosamente en una curva o si excede irresponsablemente los límites de velocidad en la ciudad o carretera o en general infringe los reglamentos, nada que hacer, bien merecida se encuentra la sanción, pero si el exceso de velocidad indicado por la cámara es producto de un truco, una trampa, eso es lo incorrecto con el agravante de que en estas materias la inocencia no se presume, hay que demostrarla.




