Es difícil decirle la verdad a un país acostumbrado a que le maquillen las cuentas. Y esta vez, dolió más de lo esperado. Gustavo Petro cumplió con el deber constitucional de radicar el proyecto de presupuesto para 2027. Pero las comisiones económicas del Congreso lo devolvieron por serias dudas de sostenibilidad y respaldo técnico de las cuentas. Le pidieron al nuevo gobierno que lo ajustara y lo volviera a presentar.
Pues bien: ya llegó ese ajuste. Y lo que trajo no fue un simple retoque de cifras, sino una confesión fiscal de proporciones históricas.
El nuevo ministro de Hacienda radicó un presupuesto de $634,9 billones, es decir, casi el 30% de todo lo que produce el país en un año. Son $59,3 billones más que el presupuesto del gobierno anterior. Pero lo verdaderamente grave no es que sea más grande, sino lo que ese mayor tamaño revela sobre el verdadero estado de las finanzas públicas.




