Hablar de Agustín Codazzi es evocar la memoria de la “Capital Blanca de Colombia” y, en la actualidad, reconocerlo como la capital agroenergética del departamento, un territorio que durante décadas sostuvo gran parte del ímpetu agroindustrial del Cesar. Sin embargo, la historia económica de nuestro municipio no puede quedarse atrapada en la nostalgia del algodón ni supeditada indefinidamente a la volatilidad de la extracción de palma de aceite. Ante los retos de la transición energética y la urgencia de garantizar la soberanía alimentaria, es momento de plantear una hoja de ruta audaz: Codazzi debe consolidarse, con el respaldo del Gobierno Nacional y la infraestructura adecuada, como la verdadera gran despensa agrícola del departamento.
El diagnóstico socioeconómico es claro. Codazzi posee un ecosistema productivo privilegiado y diverso. En las alturas de la Serranía del Perijá ostentamos el título de ser el primer productor de café del Cesar y de la región Caribe, aportando un grano de altísima calidad que mueve la economía de cientos de familias campesinas. La agroindustria de la palma de aceite y la ganadería de doble propósito reafirman nuestra vocación de tierra fértil y productiva.
No obstante, un potencial agrícola de esta magnitud se enfrenta a un cuello de botella histórico: la conectividad y la logística de transporte. Producir alimentos en el campo cesarense sigue siendo una heroicidad cuando los costos de flete y el deterioro de las vías de penetración reducen el margen de ganancia de nuestros campesinos y empresarios.





