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Casos raros y difíciles (primera parte)

En el ejercicio de la profesión los médicos a veces atendemos casos raros y difíciles. Así, tuve diversos pacientes que necesitaron procedimientos quirúrgicos, la mayoría con buenos resultados y, afortunadamente, pocos fallecidos.

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En el ejercicio de la profesión los médicos a veces atendemos casos raros y difíciles. Así, tuve diversos pacientes que necesitaron procedimientos quirúrgicos, la mayoría con buenos resultados y, afortunadamente, pocos fallecidos.

Cuando era estudiante de Medicina, en la consulta externa del Hospital Universitario del Valle Evaristo García, de Cali, atendí dos niños (hermanos) indígenas procedentes del departamento del Cauca, que nacieron con rabo, no “cola de cerdo” como la describe Gabriel García Márquez en su novela ‘Cien años de soledad’, publicada en 1967, sino rabos parecidos a los de las iguanas. Como aprendiz asistí a las cirugías en las cuales les amputaron −del cóccix− las colas de esos niños. En Valledupar, como cirujano especialista, amputé cóccix molestosos por sus prominencias con aspectos de rabos; es decir, la narrativa de ‘Gabo’, Premio Nobel de Literatura 1982, no es mágica, sino pura realidad.

A una mujer histerectomizada, la operé de urgencias por presentar abdomen y anemia agudos por hemorragia intraabdominal, debido a la rotura de un embarazo abdominal. Al revisar la bibliografía respectiva, hasta entonces solo habían publicado menos de veinte casos igual al de la mujer que operé. Esto ocurre, porque a veces se forman pequeñas fístulas −orificios diminutos que permiten el paso de semen a la cavidad abdominal− en las suturas de las cúpulas vaginales de mujeres histerectomizadas que les conservan los ovarios con el propósito de evitarles menopausia precoz.

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