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Mariana Liceth Tafur Lúquez… GRACIAS, así en mayúscula

El extraordinario logro académico de Mariana Liceth Tafur Lúquez se convierte en motivo de orgullo regional y en un ejemplo de disciplina, resiliencia y excelencia para toda la juventud del Cesar.

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En este mundo convulsionado, de muertes, de guerras, de desigualdades, en donde la libertad se asume como libertinaje, un mundo lleno de noticias que se pierden en la incertidumbre, que son un ‘boom’ en la mañana y olvido total en la tarde, le damos más importancia a las cosas malas, entiéndase como malo lo que realmente define: “Indica algo de calidad negativa, defectuoso o perjudicial”. Tal cual; las cosas buenas, en cambio, parecen triviales.

Por eso hoy, con esta nota, quiero hacerle un reconocimiento especial a la joven Mariana Liceth Tafur Lúquez. No la conozco, pero me encantaría conocerla, y darle un sentido abrazo, fraterno y sincero, y darle las gracias de manera personal, en nombre de toda la región y el país; más allá de los reconocimientos insulsos por parte de los que dirigen y lideran los procesos administrativos y educativos, locales, departamentales y nacionales, que se prestan para hacer de logros como el de ella, sucesos administrativos que nunca forjaron. Es decir, ganar indulgencias con camándulas ajenas.

Hoy vemos a esta bella joven recibiendo reconocimientos por parte de los medios y de una sociedad ávida de cosas buenas: entrevistas, visitas de canales locales y nacionales y la felicidad de la familia. Y eso está bien, es lo que necesitamos realmente. Reconocer las cosas buenas, como estas.

Me enteré de la noticia a través de EL PILÓN, y le di entrada en mis estados para resaltar la noticia como algo importante, algo emocionante que se siente con arraigo, cuando uno dedica parte de su vida a la docencia: el enseñarles a los jóvenes la importancia de la disciplina y el verdadero sentido de la educación.

Al subir mis estados, un gran amigo de esos que se anidan en el alma, desde la mocedad de los estudios, en los que se compartieron años de crecimiento desde las aulas de un colegio que amamos con el corazón, el Instpecam, que nos brindó tanto, incluso amigos que se convirtieron en hermanos a través del tiempo.

Se trata de ‘Mayo’ Lúquez, con quien estudié todo el bachillerato; hermano de Cayo y de Cristóbal de Jesús Lúquez Ochoa, más conocido como ‘Ñeque’; ellos son mis amigos de infancia y de formación, crecimos unidos por esa hermandad de seres humanos de origen campesino y humildes de corazón.

Son oriundos de la vereda ‘La Honda’, un pintoresco rincón rural del municipio de Pueblo Bello, una región conocida por ofrecer tranquilidad y una profunda conexión con esa bella naturaleza. Se encuentra cerca de la vía principal que comunica al corregimiento de El Zanjón con Pueblo Bello.

Pues bien, ‘Ñeque’ terminó siendo abuelo de Mariana Liceth Tafur Lúquez, la niña prodigio que hoy nos tiene con el corazón henchido de orgullo, que sustrae de la indiferencia ese origen campesino y nos da una lección de resiliencia, de disciplina y constancia, y a la cual hoy, en nombre de toda esta región, le doy las gracias, en letras de molde y en mayúsculas.

Ella es una niña prodigiosa, hija de Mayra Liseth Lúquez Clavijo; hermanita de Paula Andrea, que tiene tres años y, como dije en mis estados, es Lúquez y si es Lúquez es buena.

No nos vamos a cansar de darle gracias a Mariana Liceth Tafur Lúquez, a su institución educativa, La Sagrada Familia, por formarla en el camino de la excelencia; por no darse por vencida y por darnos una gota de agua en medio de esta aridez de cosas buenas.

Gracias, Mariana. Dios te bendiga por siempre, éxitos. Sólo Eso.

Por: Eduardo Santos Ortega Vergara

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