COLUMNA

La suerte aún no está echada

Las encuestas son una foto del momento, pero la decisión final siempre estará en manos de la conciencia del votante

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Pareciera que la suerte está echada frente a lo que pasará el próximo domingo cuando vayamos a las urnas a elegir a los dos finalistas para la segunda vuelta presidencial. Aunque me resista a aceptarlo, todo parece indicar que será entre Cepeda y el abogado. No podía haber un peor escenario y lo digo desde el lado más moderado; es impresionante cómo el odio y la desinformación hicieron mella en los votantes.

Sin embargo, no todo está dicho ni todo consumado. A raíz de la última encuesta hubo una desbandada hacia donde el sombrío abogado mientras que los votantes de Cepeda siguen inamovibles, pero cuando uno revisa el detalle de estas encuestas, como la que hizo el portal La Silla Vacía con las últimas once de cuatro de las más importantes encuestadoras, muestran un interesante panorama que no se alinea al triunfalismo que sacude a las campañas de los punteros.

Los datos muestran cómo la cifra de indecisos puede llegar hasta un 28%; sí, señores, así como lo leen, entre la primera y segunda vuelta el porcentaje de quienes no han decidido podría llegar a esos niveles. A esto súmele que la proporción de votantes de Paloma que votarían por el abogado difiere en 6 puntos porcentuales.

Se estima que el número de sufragantes estará rondando los 23.187.026 votantes, entonces haga una simple operación matemática de lo que significan 28 puntos de personas indecisas y 6 puntos de quienes, de no pasar Paloma a segunda vuelta, no voten o se vayan con Cepeda. Por eso insisto que si bien las encuestas son una foto del momento no son la panacea, y frente al cubículo la decisión es del votante; no hay mayor influenciador en ese momento que la propia conciencia.

La realidad es que estamos frente a un gran lío, el país es una bomba de tiempo en todo sentido, y de estallar, las consecuencias serían irreparables. Los votantes de Cepeda están convencidos de que van a ganar en primera vuelta y, de pasar a una segunda, la única forma de perder sería que les hagan trampa. Para los votantes del abogado también existe la idea de que Petro se va a robar las elecciones o va a armar un desastre de orden público como excusa para aplazar las elecciones y quedarse en el poder.

Siendo así, surge entonces la incógnita que da vueltas en la cabeza de los que no estamos contaminados por ideologías o deslumbrados por las luces y el show: ¿reconocerán los seguidores de ambas campañas el triunfo del otro candidato que no sea el suyo? ¿Notan los peligros del fanatismo ciego?

La ingeniería social, la disonancia cognitiva, la manipulación de masas y la propaganda son uno de los productos más sofisticados del poder oscuro que está detrás de algunos de los candidatos, donde la trampa, la mentira, el juego sucio y la “corrida de la línea ética” puede hacer la diferencia entre salir a elegir al próximo presidente de los colombianos o elegir la ficha que pondrá un grupo económico que, a través de esas mismas trampas y manipulación del mercado, le arrebató de un zarpazo la joya de la corona al GEA. ¿

Si esa es su forma de jugar, imagínense lo que harán con un presidente de bolsillo? Estamos borrachos, literal, bajo efectos de ataques de adrenalina, bombardeados por noticias falsas y creando enemigos en todos lados; durante las campañas se pierden amigos, se fragmentan familias y se dañan negocios porque los ingenieros sociales hacen muy bien su trabajo.

El 8 de agosto los pobres seguirán pagando IVA, la clase media continuará como el sándwich de la economía —pues todas las medidas tributarias las recibe y las absorbe de manera directa— y los empresarios seguirán pasando sus balances en rojo por operar en un ambiente de mercado que es como correr con los pies atados y la “candela atrás”. En síntesis, ningún cambio estructural se está planteando; todo se está diluyendo en una confrontación insulsa y banal.

Ojalá la sensatez y el aplomo se apoderen de ese 28 % de indecisos y demos un vuelco al tablero y podamos evitar que tengamos que llegar a la urna con la nariz tapada.

Por: Eloy Gutiérrez Anaya

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