COLUMNA

Los prejuicios de la edad

El hábito sino se resiste al poco tiempo se vuelve una necesidad, el hábito de estar mintiendo, haciéndole el sesgo a los impuestos, fraude a los servicios públicos o extrapolando falsas promesas, que a la postre resultan lapidarias, en la dinámica de todos los partidos políticos, que mueren al final, al devorar sus propias mentiras.

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Lo que para nosotros es una impertinencia preguntar la edad, para países del primer mundo como Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong, es una norma social que establece el orden jerárquico entre los hablantes, para dirigirse a las personas mayores con un lenguaje honorífico, o casual e informal, según la edad.

Los hábitos crean las costumbres, las costumbres fomentan las culturas y las culturas nos definen como sociedad, subraya la concatenación de ideas para mostrarnos un postulado que evidenciamos como axioma todos los días.

Es la cultura del entramado que surge de alianzas de negocios entre partidos políticos sin credulidad, cuya única finalidad es el reparto de los puestos y los contratos, aunque se argumente la necesidad histórica de evitar escenarios tenebrosos, blindarnos de dictaduras y de la expropiación y salvaguardar a la nación del terrorismo y el caos, cinismo que se repite como metáfora gastada o frase de cajón en cada campaña electoral.

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