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Los malos ejemplos pueden ser buenos ejemplos

Nadie asegura específicamente que “los malos ejemplos pueden ser buenos ejemplos”, pero el filósofo griego Demócrito dijo una frase muy similar: “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla”. 

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Nadie asegura específicamente que “los malos ejemplos pueden ser buenos ejemplos”, pero el filósofo griego Demócrito dijo una frase muy similar: “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla”

Esta cita advierte sobre los peligros que una sociedad enfrenta cuando se valora negativamente la virtud y se adopta el comportamiento inmoral. La frase señala que cuando una sociedad celebra la inmoralidad y ridiculiza la virtud, se encuentra en un estado de decadencia.

Demócrito, uno de los primeros filósofos griegos, hizo esta observación para reflexionar sobre la crisis moral que percibía en su época. 

Hoy, en nuestra vida política cotidiana y después de las múltiples luchas entre los partidos de moda en Colombia y la forma antiética como manejaron y han manejado el poder, han llegado a despertar las más crueles emociones que, convertidas en sentimientos apasionados, exacerbaron las luchas internas que llevaron a los extremos todas y cada una de las ideologías existentes y polarizaron esos sentimientos a través del vehículo del odio, que ha llevado a los conflictos permanentes.  Estos han dado origen a las guerras y sus consecuencias, tan sufridas y sentidas.

El gobierno actuante hoy en día, por ejemplo, olvidó totalmente su ideología privando a sus seguidores de la esperanza del cambio que conduciría al bienestar social, a la equidad y a la apertura de una democracia con sentido político, filosófico y social.

Pero se dedicó a hacer todo al revés, siguiendo la vieja metodología bipartidista, ampliando sus males, pues se desaforaron con el poder en sus manos y bajo la prepotencia, el orgullo y la falacia de sus acciones infames, promulgaron más la corrupción en todas sus formas y se dieron y se han dado el lujo de nuevas extravagancias aún no concebidas en el mapa político nacional: que “mejoraron los sistemas de corrupción” dejando al pueblo y a la sociedad boquiabiertos y a la espera de una pronta redención.

Ojalá que estos nuevos malos gobiernos, sirvan de ejemplo para que aquellos movimientos que conformaron el binomio del poder, del placer y del dolor sin justa causa, puedan predicar y practicar la política que une y nos lleva a la empatía social y económica, que constituye el estandarte para encontrar en los buenos caminos y en su recorrido emocional la razón bajo el uso del pensamiento para lograr que los buenos ejemplos conduzcan a una paz duradera y estable. 

La iglesia, con su negativismo de antaño, dio origen a esos partidos tradicionales que en temas de educación y cultura aferrados a las viejas creencias moralistas enfrascaron su existencia.   De no cambiar Iglesia y partidos, seguirán haciendo daño. Es hora de que obren de común acuerdo para corregir a tiempo los tantos errores cometidos en contra de la sociedad.

Soy liberal por ideologías, algunas innatas, otras aprendidas con el estudio de tratadistas ingleses y franceses, admiro el orden y organización del conservatismo, el empeño por la ética y moral que trata de practicar la iglesia católica, pero es bueno recordar que el momento vivido es oportuno para conciliar con la verdad y con el perdón para que la historia no se repita en sus desgracias.

Ya basta con tanto abuso con intereses tribales que solo conducen a los malos ejemplos, aunque estos suelan convertirse en prototipos para los buenos ejemplos y que se pueda distinguir fácilmente el verdadero significado de la ética como la dirección a seguir, y la moral como las normas a respetar según lo indican para el consentimiento social al pie de los valores humanos.

Vale la pena recordar, que la unión es la única forma de rescatar las cosas buenas perdidas para una democracia justa, con orden, y bajo el símbolo de la libertad bien entendida, esa que exige sacrificio y tolerancia, que no es otra cosa que el respeto por las normas establecidas para con una sociedad.

Por: Fausto Cotes N. 

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