COLUMNA

Descanse en paz, Germán Vargas Lleras

Entre la nostalgia política y los balances encontrados, Germán Vargas Lleras deja una huella imborrable en la historia reciente de Colombia, mientras el país sigue atrapado entre disputas ideológicas, liderazgos polarizantes y la incertidumbre electoral

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Tuve la oportunidad de conocer a Germán Vargas Lleras por allá a principios de los años 90, cuando era concejal de Bogotá. Yo vivía en el norte de la capital, en un apartamento ubicado en la calle 147 entre la Autopista Norte y la Avenida 19; la calle que teníamos enfrente, entonces la Transversal 33, estaba completamente destruida. Por medio de un vecino que tenía buenas conexiones, y que me invitó a acompañarlos en la reunión a pesar de mi juventud, logramos que dos concejales nos visitaran una noche para que vieran la calle y nos apoyaran en el Concejo con una posible repavimentación. Eran, nada más y nada menos, que Germán Vargas Lleras y Patricio Samper Gnecco, ambos ya fallecidos. Vargas Lleras era muy joven e impetuoso; Samper era un hombre maduro, muy educado, gentil, todo un “gentleman”.

Ambos llegaron escoltados en la misma camioneta, Vargas con un vestido oscuro, de corbata, y Samper Gnecco sin corbata, con una chaqueta de paño escocés. La conversación nos tomó unos 40 minutos, más la inspección del lugar sujeto de la solicitud: la calle. El primer resultado de la visita: ambos políticos tomaron whiskey que les ofrecimos y se comieron una tabla de quesos que les pusimos en una mesa al frente de ellos; el segundo: la transversal 33 fue repavimentada en poco tiempo, ¡se logró el objetivo!

Vargas Lleras era un tipo tosco, serio, si se quiere pedante. Pero fue un trabajador incansable, le entregó al servicio público su vida entera. Abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, mi alma máter, fue un excelente abogado; durante mis años de universidad, tuve acceso a un par de textos jurídicos de Vargas. Líder de la derecha dura y pura, se lució como concejal, senador, ministro del Interior y Justicia, de Vivienda, Ciudad y Territorio y luego como vicepresidente de Juan Manuel Santos.

Detengámonos en este cargo. Aquí tengo sentimientos y balances encontrados: siempre lamenté que hubiese aceptado estar de copiloto de Santos, que hubiese aportado votos para reelegir al presidente que inició la debacle en la que estamos. Ese matrimonio político nació pegado con babas, eran dos políticos muy diferentes, uno camaleónico, el otro frontal, comprometido y tenaz. Vargas Lleras fue clave para derrotar a Óscar Iván Zuluaga, lo que no es un detalle menor: con ese lamentable resultado, se consolidó el fraude del mal llamado proceso de paz, que desinstitucionalizó a Colombia, creó la Justicia Especial para la Paz (JEP), aprobó el perverso fast track y construyó el caldo de cultivo de impunidad total en favor de las nunca extintas FARC. Duele que Vargas Lleras hubiese hecho parte de la recua que desconoció el triunfo del NO, eso dejó mucho que desear.

El conflicto me surge porque fue un excelente vicepresidente: trabajó intensamente por mejorar la entonces pobre malla vial colombiana y lo logró; construyó viviendas de interés social como nadie antes, se habla de unas 100 mil. ¡Brutal! Pero mientras Vargas Lleras edificaba muros para mejorar el futuro de miles de familias, su jefe le entregaba nuestro país a las FARC. ¡Doblemente brutal!

Vargas Lleras nació en la élite bogotana, tuvo una muy buena vida. Fue un tipo honesto, tenía quilates para ser presidente; estoy seguro de que, como yo, no lo volvimos a apoyar por haber hecho parte del desastre santista. Luego, por el coscorrón que le propinó a uno de sus guardaespaldas, Colombia no le perdonó ese maltrato que se dio en un mal momento y quedó confinado como presidente de Cambio Radical hasta su reciente fallecimiento. De todas maneras, la nación ya lo extraña. Paz en su tumba.

Mientras tanto, las encuestas empiezan a reaccionar en favor de Abelardo de la Espriella. Lamento mucho los desafortunados enfrentamientos con la campaña de Paloma Valencia, ambos salen perjudicados. Hoy considero que la desinflada de la dupla Valencia-Oviedo encamina a Abelardo a ganarle a Cepeda la primera vuelta, lo que lo haría imparable para la segunda. Vamos a recuperar a Colombia y a poner en la cárcel a quien lo merece. ¡Firmes por la Patria!

Por: Jorge Eduardo Ávila

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