Así como el cuerpo humano tiene un mecanismo fisiológico de bloqueo del dolor, en el que el sistema nervioso libera opiáceos endógenos que se unen a los receptores de la médula espinal, cerrando la puerta por donde pasa la señal dolorosa, igual sucede con la pasión política de algunos activistas y radicales líderes políticos, cada vez que sus antagonistas políticos avanzan hacia el éxito electoral.
Aparecen con todo tipo de inventos y artilugios traídos de los cabellos, sin sentido, en su exclusivo propósito de no aceptar el riesgo cierto de caer derrotados ante un trabajo de campo disciplinado y juicioso.
Lo vimos en la reciente visita del candidato Iván Cepeda Castro a Valledupar. Tomaron imágenes al mediodía y las publicaron en la tarde diciendo que la plaza estaba vacía, dijeron que los buses y el transporte eran de otros municipios como si en esos sitios no fueran a votar por Cepeda o diciendo que a cada persona le daban 60 mil pesos para asistir, cuando todos sabemos en qué campañas están las altas sumas de dinero; en fin, cada quien se consuela como quiere y utilizará sofismas para intentar mantener su potencial electorado.
Lo que sí es una realidad, es que como constituyentes primarios debemos buscar veraces elementos de juicio para tomar acertadas decisiones, en la construcción de una madurez política que no vote por el odio o la mezquindad personal, sino por serias propuestas programáticas que favorezcan a la mayoría de ciudadanos y no solo a un exclusivo sector poblacional, que por lustros viene impidiendo la movilidad social para seguirse beneficiando de la exclusión oficial.
Cepeda vino a Valledupar y convenció con un discurso serio, reposado, construido sobre nuestra realidad territorial y las expectativas de redención de un pueblo que ha venido siendo colonizado mediáticamente, al punto de estar convencido de que los intereses de unos pocos son lo mejor para la mayoría de ciudadanos. Afortunadamente las cosas han ido cambiando y cada día somos más quienes nos atrevemos a soñar con un país digno, el cual le rinda tributo a la equidad social propia de las sociedades justas.
Por esto se llenó la plaza y si bien es cierto que hubo transporte, como en cualquier manifestación política, también lo es que la mayoría de asistentes utilizaron sus propios medios para llegar a esta cita democrática. Basta con multiplicar el número de supuestos vehículos contratados por la capacidad de cada uno y compararlo con el aforo de la plaza, para saber que solo a un porcentaje muy pequeño de ella fue al que se le pudo haber proporcionado el transporte.
Sin conjuntos vallenatos, sin licor, sin comida, sin ganchos publicitarios diferentes a la euforia política, se llenó la plaza Alfonso López de Valledupar. Un espacio que no se convirtió en una gran carpa de circo para ir a ver a un bufón sobreactuar, ni tampoco en tribunal de inquisición pidiendo al mismo tiempo, impunidad para los delincuentes amigos y castigo y desaparición física para los que piensan diferente. Por esto la reunión de Valledupar fue un éxito y así esperamos que sea la fiesta democrática de final de mes. Fuerte abrazo.
POR: ANTONIO MARÍA ARAÚJO CALDERÓN
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