La política monetaria es una de las políticas macroeconómicas más incomprendidas por el público; principalmente cuando la autoridad monetaria tiene que subir las tasas de interés. El tema no le gusta a nadie, y esa actitud tiene mucho de sentido común y algo de lógica; ¿cómo va a ser bueno que suban los costos del capital o los costos del dinero, para decirlo de una manera sencilla? Pues eso es lo que viene haciendo la Junta Directiva del Banco de la República de Colombia desde hace varios meses: subiendo las tasas.
En efecto, el martes de esta semana, la Junta Directiva, autoridad monetaria establecida por la Constitución de 1991, subió las tasas de interés en 0,75 puntos básicos, al 12 % anual. ¿Y esto qué significa? Que a esa tasa, es decir, a ese costo, el Banco Emisor le presta a los bancos comerciales para que, a su vez, los bancos comerciales le suban sus tasas de interés a sus clientes: empresas, familias y personas. En otras palabras, es una política monetaria contractiva, es decir, busca contraer la demanda agregada.
¿Y cuáles son las razones que expone la Junta Directiva del Banco de la República para seguir una senda de aumento de las tasas de interés? La principal: que van varios años donde la inflación resultante, al finalizar el año, supera el 3 %, que es la meta de la Junta. Pero el fantasma de la inflación ha estado por encima del 5 %, inclusive cerca del 6 % en algunos meses. Y la razón no es el aumento de los precios del petróleo o problemas en la oferta de alimentos, como sostienen algunos integrantes del equipo económico del actual gobierno, sino por el reajuste arbitrario y exagerado del salario mínimo para 2026, que lo incrementaron un 23 %. Esta fue una decisión que afectó seriamente la canasta de costos de las empresas pequeñas y medianas del país; populismo económico, clara y sencillamente.
