En las recientes fiestas patronales de San Francisco de Asís en La Paz, el escritor Jorge Zuleta Álvarez presentó el libro Las Batallas de La Paz. Líneas cargadas de recuerdos, en los que la suave brisa de noviembre espantaba las estériles nubes que a fuerza de costumbre seguían visitando el estrellado cielo, tal vez a admirar embelesadas la simétrica hermosura de los astros que mi amada madre desde muy niño me enseñó, era la luz de los tres reyes magos.
Corrían los tiempos en que esa gran mamá, Edys Calderón, reemplazaba los cuentos infantiles por las historias de sus antepasados, contadas una y otra vez, para saciar la curiosidad de un niño que, en la narrativa de esas épicas historias, fue cultivando el gusto por el análisis de los hechos y la inclinación hacia el ideario del Partido Liberal, hoy deformado por los vicios gaviristas, los cuales prefieren saciar sus intereses particulares que liderar las grandes transformaciones, impulsadas en otrora por los verdaderos líderes liberales.
La oscuridad de la noche por ausencia del servicio eléctrico unía a la familia en torno a la palabra. Allí escuché lo que sucedió en La Tuna, un salón de baile de Julio Calderón, mi abuelo y patriarca de una numerosa familia, un gran liberal de templanza demostrada, sin muchos estudios, pero con gran sentido de la solidaridad y la justicia colectiva. En coherencia con esa inclinación ideológica, defendió hasta sus últimos días las banderas de una tendencia política sensible al bienestar social y los derechos civiles y humanos, ahora llamada progresista.





