Nunca imaginé aspirar a la rectoría de la Universidad Popular del Cesar. La idea nació en una conversación desprevenida con amigos en Bogotá. Uno comentó que se abriría el proceso para elegir rector. Otro me miró y me dijo: “¿Y tú, que amas la docencia, por qué no lo intentas?”.
Sonreí. Me pareció una locura.
He dedicado mi vida a enseñar Derecho y a servir desde lo público. Siempre pensé que el ocaso de mi vida laboral lo pasaría en un aula, frente a estudiantes, aprendiendo con ellos. Por eso estudié una maestría en docencia. No soñaba con cargos; soñaba con pizarras, debates y libros abiertos.
