COLUMNA

Los días del poeta

El texto reflexiona sobre el papel del poeta y la poesía como herramientas esenciales para comprender la existencia, resaltando su función como creador de sentido, guardián del asombro y constructor de humanidad a través del arte.

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Hace algunos días me tropecé con un pequeño libro de ensayos de un colombiano cuyo título llamó de inmediato mi atención, “El eternizador de asombros”; una diminuta pero jugosa obra que incluye poemas sobre la existencia, el arte y la muerte.

Hace algún tiempo, no preciso cuándo, escribí sobre la poesía y el rol del poeta en el mundo, cuestión que no dejo de hacer o hablar de ello día a día, pues considero que el papel del mismo es tan primordial como la labor de las abejas para que la raza humana aún exista en el universo.

Hoy, mis queridos lectores, intentando hacerlo de una forma un poco didáctica, sin estilizar arguyendo algún estilo sofisticado o clasista que los haga sentir desubicados desde el punto de vista literario, procederé a reflexionar sobre lo que me incitó la lectura de este pequeño libro aludido: El arte y la poesía. Un libro que explora la creación poética y el papel, como lo señalé, del poeta, describiendo la poesía como un lienzo en blanco que permite dibujar la existencia, el asombro y la herida e igualmente sobre la condición humana y el viaje de la vida.

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