La disonancia cognitiva es un fenómeno psicológico en el que a las personas no les gusta aferrarse a ideas contrarias; incluso hacen lo necesario para eliminar la disonancia causada por ambas ideas.
La exposición a la disonancia cognitiva genera sentimientos de confusión, frustración y la urgencia de resolver el dilema. Esto lleva a opciones disyuntivas, ya que ambas no pueden ser ciertas simultáneamente. Tomar la decisión contribuye a la polarización. Sin embargo, existe una respuesta alternativa a este método de persuasión. Resistir la manipulación inherente al uso de la disonancia cognitiva puede brindar la libertad de considerar otras opciones en lugar de limitarse a una u otra. Añadir otras opciones posibles al debate puede allanar el camino hacia soluciones integrales. Además, introducir más opciones en el debate puede ayudar a superar la división.
Diferentes estudios analizan que la relación entre la psicología y la política ha llevado a muchos expertos a pensar que nuestra cultura entiende de forma equivocada cómo funciona realmente la persuasión política. Los argumentos por sí solos no tienen un efecto significativo en las creencias de la gente, y la aceptación social implícita de que sí lo tienen obstaculiza otras formas más efectivas de pensamiento y acción política.
Tomemos como ejemplo los debates. Son una parte central de la mayoría de las campañas electorales en todo el mundo, considerados tan influyentes que a menudo se rigen por normas estrictas en torno a la cobertura y el equilibrio de los medios. Sin embargo, la evidencia sugiere que ver debates no tiene ningún impacto en las opiniones. En 2019, los investigadores de Oxford Academic realizaron el estudio How Do Campaigns Shape Vote Choice? Analizaron 56 debates televisivos en 22 elecciones en Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Europa, de 1952 a 2016. El estudio hizo un seguimiento de casi 100.000 encuestados para ver si los debates ayudaban a los votantes indecisos o decididos a formarse o cambiar de opinión.
No encontraron evidencia de que lo hicieran. Hay muchas razones por las que el debate tiende a ser ineficaz para cambiar las creencias políticas de las personas: la disonancia cognitiva.
Podemos ver la disonancia cognitiva y sus efectos en funcionamiento cuando las personas “razonan” rápidamente de maneras que en realidad son intentos de mitigar su incomodidad con nueva información sobre creencias firmemente arraigadas. Por ejemplo, creerse ciegamente de derecha o de izquierda sin tener la suficiente claridad conceptual ni las bases filosóficas, pero con suficiente exposición mediática que asume a Sergio Fajardo como “tibio” porque así lo propuso una etiqueta, aunque eso implique desconocer la fortaleza de sostenerse en sus convicciones y, sobre todo, que ha gobernado.
No solo los fenómenos psicológicos como la disonancia cognitiva hacen que los debates y las discusiones sean relativamente ineficaces. Probablemente la razón más importante por la que las palabras no cambian las mentes es que otros dos factores tienen mucha más influencia: nuestras relaciones sociales y nuestras propias acciones y experiencias. En otras palabras: cuando se trata de persuasión, no es la conversación, es la relación.
La evidencia demuestra que defender nuestro punto de vista rara vez convence a los demás. Son las relaciones sociales y las acciones las que tienen ese poder. La disonancia cognitiva concibe el contexto político del país de cara a las próximas elecciones el cual invoca moderación, para reflexionar sobre cómo debemos encarar nuestra problemática socioeconómica.
@LuchoDiaz12
